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‘Soñar a destiempo’: cuando los candidatos a la Casa Blanca no son blancos

En la era Trump y su postura anti-inmigración, las vidas de los 11 aspirantes afroamericanos, latinos y una mujer asiática en la historia de las primarias presidenciales de Estados Unidos exponen la multiculturalidad del país

Pintura mural del expresidente de EE UU Barack Obama en París.
Pintura mural del expresidente de EE UU Barack Obama en París. Unsplash

El político latino Julián Castro declaró recientemente que “probablemente” será candidato en las elecciones presidenciales de 2020. Los senadores afroamericanos Cory Booker y Kamala Harris también podrían presentarse. El hecho de que Barack Obama se convirtiese en el primer presidente negro de Estados Unidos en 2008 ha facilitado, sin duda, candidaturas más diversas. Aunque Obama no fue la primera persona no-blanca en intentarlo. El libro Soñar a destiempo: candidatos a la presidencia de Estados Unidos que allanaron el camino a Obama, que acaba de publicar la Editorial UOC (Universitat Oberta de Catalunya) y del que soy autora, relata las 11 historias de afroamericanos, latinos y una mujer asiática en primarias presidenciales, desde la primera hasta aquella victoria histórica.

En las iglesias baptistas de Harlem y en el carnaval caribeño de Brooklyn en Nueva York; en las cantinas mexicanas y en el desfile coreano de Los Ángeles; en el arroz Jambalaya y en las bandas de jazz de Nueva Orleans…. En cada rincón de Estados Unidos brotan muestras de una diversidad demográfica que no se corresponde con la postura anti-inmigración de Donald Trump. De sus 325 millones de personas, un 18,1% son latinos, un 13,4% afroamericanos y un 5,8% asiáticos. Aunque el grupo considerado como blanco sigue siendo el mayoritario, se espera que en 2050 la suma de las minorías sea superior. Con esta población diversa, a pesar de la discriminación contra las minorías, hoy sabemos que hubo pioneros no-blancos en elecciones presidenciales antes que Obama, algunos de ellos, hace más de un siglo.

La autora ha tardado una década en documentar este libro

“Lo más importante para mí no tenía que ver con el hecho de que fuese mujer o afroamericana ¡sino que era independiente!”, me aseguró Robert Gottlieb sobre la primera persona negra que lanzó una campaña en primarias presidenciales por uno de los dos partidos mayoritarios, la congresista de Brooklyn Shirley Chisholm. Tras la victoria de Barack Obama, quise comprender la magnitud de aquel acontecimiento histórico y me dispuse a investigar qué personas de minorías raciales y étnicas habían intentado llegar a la Casa Blanca. El trabajo, que comencé hace una década y que ahora publico en forma de libro, me llevó a la Biblioteca del Congreso en Washington D.C. y a Oklahoma City, al Brooklyn College y a archivos de periódicos. Fueron fundamentales las entrevistas con familiares de candidatos y trabajadores de sus campañas como Robert Gottlieb, hoy abogado en Nueva York, y que estudiaba derecho en la Universidad de Cornell a principios de los 1970, cuando fue voluntario principal de la campaña de Shirley Chisholm.

Los primeros candidatos negros se presentaron por terceros partidos hace más de un siglo, en 1904, en plena época de la segregación y, no hubo más campañas de este tipo hasta la década de 1960. En aquel contexto de exclusión, no hubo aspirantes que no fuese blancos por alguno de los dos grandes partidos, el Demócrata y Republicano, hasta 1972. Desde entonces hasta la actualidad, al menos un candidato de una minoría racial ha participado en primarias en cada una de las elecciones.

Mujeres en las candidaturas

Shirley Chishom, la primera persona negra que lanzó una campaña en primarias presidenciales por uno de los dos partidos mayoritarios.
Shirley Chishom, la primera persona negra que lanzó una campaña en primarias presidenciales por uno de los dos partidos mayoritarios.

Los padres de Shirley Chisholm habían llegado desde Barbados a Nueva York en barco de vapor en la década de 1920. Entonces no podían imaginar que, en 1968, su hija lograría ser la primera mujer negra en el Congreso de Estados Unidos y que, cuatro años más tarde, en 1972, sería candidata en las primarias presidenciales.

El abuelo de Patsy Mink migró de Japón a Hawái a finales del siglo XIX para ganarse la vida en una plantación de azúcar. Entre 1850 y 1920, unas 300.000 personas de origen asiático arribaron al archipiélago, transformando su demografía. Patsy Mink vino al mundo en Maui en 1927, cuando Hawái era un territorio de Estados Unidos. Fue la primera mujer no blanca en el Congreso de Estados Unidos en 1964.

Shirley Chisholm y Patsy Mink —la primera, negra, y la segunda, asiática—, fueron candidatas en las primarias presidenciales del partido Demócrata de 1972. Con ello, se convirtieron en las primeras mujeres del partido en las primarias del partido Demócrata, y en las primeras personas de una minoría racial en las primarias presidenciales de cualquiera de los dos grandes partidos. El afroamericano Walter Fauntroy también fue candidato ese año, pero solo en la primaria del Distrito de Columbia.

Las campañas de Shirley Chisholm y Patsy Mink extrañaban, y numerosas personas las negaron su apoyo. Robert Gottlieb creía que “muchos líderes de los movimientos feministas y negros se dieron cuenta de no podían ganar y no quisieron poner en peligro su habilidad de influir a la persona que tenía más oportunidades de ser elegida presidente”. Entonces, un 29% de personas declaraba su rechazo a votar a una mujer, según Gallup. Aquella cifra era seis puntos superior que el 23% de encuestados que no votaría a un candidato negro. Hasta la fecha, solo una mujer, Hillary Clinton en 2016, y solo un hombre negro, Barack Obama en 2008 y 2012, han ganado las primarias presidenciales y se han convertido en candidatos presidenciales de uno de los dos grandes partidos, el Demócrata.

El nieto de asturianos que quiso ser presidente de EE.UU.

Patsy Mink fue la primera mujer no blanca en el Congreso de Estados Unidos en 1964.
Patsy Mink fue la primera mujer no blanca en el Congreso de Estados Unidos en 1964.

Los protagonistas de Soñar a destiempo son ellos: ocho candidatos afroamericanos, dos latinos, y una mujer asiática que en su conjunto representan en Estados Unidos los tres grandes grupos etnorraciales distintos del blanco, según la clasificación que hace el censo, y que componen todos los candidatos en primarias hasta la victoria de Barack Obama.

La mayoría, como Shirley Chisholm y Patsy Mink, eran descendientes de migrantes que dejaron sus hogares en busca de un futuro mejor. Algunos, afroamericanos, migraron desde los estados segregados del Sur al norte; otros, del Caribe a Nueva York; o de Japón a las plantaciones de azúcar de Hawái. Uno de ellos tenía sus raíces en Asturias.

Ben Fernández, uno de los protagonistas, nació en un vagón de mercancías en Kansas City (Kansas) en 1925 de padres que habían migrado de México. Él se convirtió en el primer candidato latino en unas primarias presidenciales por el partido republicano en 1980, y volvió a organizar campañas en 1984 y 1988. El segundo latino fue Bill Richardson, cuyo abuelo dejó Villaviciosa (Asturias) a finales del siglo XIX y migró a América en barco.

En una conversación reciente, las hijas de Ben Fernández —April, Patricia y Kristine—, me confesaron que su padre “solía ser el único mexicano en su entorno social y de trabajo” y que “siempre se negó a ser tratado como un ciudadano de segunda clase”.

Los candidatos de Soñar a destiempo tienen en común el haberse atrevido a lanzar campañas cuando muchos creían que no era el momento

Aunque los estadounidenses que no forman parte del grupo blanco no-latino siguen infrarrepresentados en los puertos políticos y, sus candidaturas en elecciones presidenciales de Estados Unidos han sido escasas, los candidatos de Soñar a destiempo tienen en común el haberse atrevido a lanzar campañas cuando muchos creían que no era el momento.

“Solo dos cosas me pararán: dios todopoderoso o mi conciencia”, declaró a la prensa Shirley Chisholm, cuando fue consciente de que su campaña presidencial contaba con pocos respaldos. Creía que, para que un día hubiese un presidente negro, alguien tenía que intentarlo primero.

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