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Mónica Cruz: “Mi hermana, mi madre y yo hemos vivido en un matriarcado”

La actriz y bailarina disfruta de su independencia como madre soltera y transmite a su hija la fortaleza femenina que a ella también le inculcaron

La actriz Mónica Cruz.
La actriz Mónica Cruz.

En la pantalla, Mónica Cruz (Madrid, 1977) da vida a Carmela Cortés, una bailaora de flamenco gitana que tiene “la fuerza de un toro”, está llena de decisión y es capaz de manejar cualquier circunstancia. Fuera de Velvet, la actriz y bailarina se guía por esos mismos valores y celebra su independencia como madre soltera de Antonella, su hija de cinco años, a quien educa para ser fuerte y no tener miedos. Sigue el ejemplo de su propia familia, “un matriarcado” —encabezado por su madre, su hermana Penélope Cruz y por ella ella misma— que le ha transmitido la fortaleza y la determinación para perseguir los sueños “sin esperar a nadie”.

En la presentación de la nueva colección de joyas de Majorica, firma de la que es imagen, Mónica Cruz se muestra emocionada por la oleada feminista y considera que la fuerza de las mujeres tiene un potencial aún por descubrir: “Todavía creo que no somos conscientes del arma que tendríamos si todas estuviéramos a una. Cada una es diferente, cada una tiene su vida, unas tenemos hijos, otras no quieren tener, pero la unión de mujeres podría con todo, eso no hay quien lo pare”. El mejor ejemplo, cuenta, lo ha tenido en su familia. “Las mujeres éramos mayoría, la fuerza la hemos tenido nosotras, mi hermana, mi madre y yo hemos vivido en un matriarcado”, algo que considera “maravilloso”.

“No me cambiaría por un hombre, lo tengo claro, ni con todo lo que llevamos las mujeres y todas las mochilas que arrastramos. En mi caso, haber sido madre me ha llevado a otro estado diferente. Lo bueno es que cada una con su cuerpo pueda elegir lo que quiere”. Cruz decidió ser madre soltera mediante inseminación artificial porque no quería esperar a un hombre para cumplir su “sueño de ser mamá”, que tenía claro desde los 20 años, y que hizo realidad en el momento que estimó más adecuado, cuando ya no hacía giras internacionales de danza —estuvo siete años en la compañía de Joaquín Cortés— y pudo permitirse un parón profesional para dedicarse por completo.

Mónica Cruz, el jueves en Madrid en el acto con Majorica.
Mónica Cruz, el jueves en Madrid en el acto con Majorica.

A su hija le enseña la importancia de la igualdad y lo hace, entre otras cosas, transmitiéndole mensajes positivos sobre el poder femenino. De forma similar a su hermana Penélope Cruz, que cambia los finales de los cuentos que lee a sus dos hijos para empoderar a los personajes femeninos, Mónica Cruz elige historias “sobre niñas valiosas, que explican que todo lo que se propongan lo van a conseguir” y donde los personajes malos no son ogros ni villanos, sino las hadas del ‘no puedo’ y las hadas del ‘tengo que ser perfecta y guapa’. El machismo, reconoce, “es un peso muy grande que está en la sociedad y con el que hay que tener un cuidado enorme, porque se va grabando”. Ella ha sabido reaccionar ante situaciones complicadas —“gracias a Dios no he tenido ningún caso de acoso sexual, y si he podido ver alguna situación que pudiera implicar riesgo, enseguida me ha saltado la alarma interior y he desaparecido”— pero su preocupación ahora es el futuro de su hija.

Vive esta etapa con naturalidad e ilusión, y con la palabra conciliación siempre presente —de hecho, una de las normas que se ha fijado es no estar nunca más de una noche alejada de su hija—. Se pasa los días “haciendo malabares, como todas” para compatibilizar su trabajo y su familia. “Tienes que hacer muchas cosas, y si algún día tengo que trabajar por la tarde-noche, antes de irme dejo todo preparado. No tienes un minuto libre, pero no pasa nada, lo disfruto mucho, pasa demasiado rápido”. Le ayuda el baile, una disciplina que practica desde los cuatro años y que, sin esperarlo, ha retomado de manera profesional en Velvet, tras siete años. La danza no es solo su gran pasión, es “una terapia”.

“Cada una sabemos hasta dónde podemos llegar, y podemos llegar mucho más allá que los hombres, les guste o no. Podemos con todo. El problema es que hace miles de años le dieron la vuelta a la tortilla y nos pusieron como el sexo débil. Se equivocan”, remata. Cruz se siente capaz de cualquier cosa, siempre contando con el apoyo de su familia, puntualiza, y tiene fuerzas tanto para afrontar nuevos proyectos profesionales —seguirá diseñando y pronto anunciará un nuevo trabajo de interpretación— como para una nueva maternidad. Repetiría como madre soltera, porque no ha encontrado a “esa persona” con la que tener un hijo y, sobre todo, porque tampoco la necesita. “No espero a nadie, yo hago mi vida y el que quiera subirse al carro, si merece la pena, bienvenido será”.

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