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Keanu Reeves, las tragedias que se esconden tras sus acciones solidarias

El actor destina parte de su fortuna a ayudar en causas sociales como la investigación y la lucha contra el cáncer

Keanu Reeves en el estreno de Siberia en Nueva York el pasado mes de julio.
Keanu Reeves en el estreno de Siberia en Nueva York el pasado mes de julio. GtresOnline

Los personajes que ha interpretado Keanu Reeves (54 años) a lo largo de su trayectoria profesional han sido variopintos, pero en la retina de sus seguidores permanecen de manera especial el nombre de Neo, el experto en computadores que descubre que vive en un mundo simulado creado por la ciberinteligencia, en la saga Matrix, y el exasesino a sueldo que interpreta en otra saga, John Wick, que en 2019 volverá a la gran pantalla con su tercera entrega.

Sin embargo, la vida de Keanu Reeves tiene poco que ver con sus personajes victoriosos y mucho más con los supervivientes que deben ganarse a pulso el equilibrio y la estabilidad personal. Sí, es una estrella de Hollywood, es conocido mundialmente y es uno de los actores mejor pagados de la industria cinematográfica, pero también es la personificación del antidivo y un hombre comprometido que, sin alharacas ni necesidad de que su nombre figure en ningún sitio, destina parte de su fortuna a ayudar en causas sociales como la investigación y la lucha contra el cáncer.

“El dinero no significa nada para mí. Podría vivir los próximos siglos con lo que ya he ganado. Mi idea de la felicidad está relacionada con acostarme en la cama con la persona que amo, compartir una cena con amigos o ir en moto. No tiene nada que ver con un saldo bancario de varios dígitos”, dijo en una entrevista que refleja la esencia de su verdadera vida.

Una forma de pasar por el mundo en la que sin duda han influido las dramáticas experiencias que ha ido superando a lo largo de su existencia. Su infancia la marcó el alcoholismo de su padre que terminó por abandonar a la familia que formaba junto a su madre y su hermana Kim, dos años más joven que él. Aunque nació en Beirut tiene nacionalidad canadiense, que es la del país que les acogió cuando su madre decidió mudarse con sus hijos a otro lugar en el que buscar un nuevo futuro después de haber tenido que trabajar como stripper para sacar adelante a sus dos hijos.

La pérdida de seres queridos y el cáncer son dos conceptos que aparecen reiteradamente en su biografía. Tras la desaparición de su padre, Reeves vivió la enfermedad de su hermana pequeña, que sufrió una leucemia que logró superar tras meses de tratamiento. Cuando empezó en la industria del cine, después de renunciar a su pasión por el hockey por una grave lesión, conoció a River Phoenix, compañero de rodaje en Mi Idaho privado y desde ese momento uno de sus amigos más cercanos. Una sobredosis de speedball –mezcla de cocaína y heroína– acabó con la vida de Phoenix en una acera próxima a un bar propiedad de Johnny Deep, un hecho que devastó a Reeves y que le ha perseguido durante años.

Keanu Reeves durante una presentación de su firma Arch Motorcycle Company en noviembre de 2017.
Keanu Reeves durante una presentación de su firma Arch Motorcycle Company en noviembre de 2017. GtresOnline

Seis años después volvió la tragedia: su novia, la actriz y asistente personal Jennifer Syme, embarazada de ocho meses perdió a Ava, la hija que esperaban que nació muerta. Syme entró en una profunda depresión que acabó con su unión y dieciocho meses después murió en un accidente de tráfico, cuando ellos habían roto como pareja pero seguían siendo excelentes amigos.

Un año después la leucemia volvió a aparecer en la vida de su hermana y Keanu Reeves paralizó todos sus compromisos para estar con ella en esta etapa: “Ella es lo más importante para mí. Cuando te enfrentas a una situación como esta con un ser querido, todo se pone en perspectiva”, dijo sobre esta época de su vida.

En la suma de todos estos acontecimientos tiene su base la labor altruista del actor que lleva años apoyando de forma anónima iniciativas solidarias como una fundación que creó para ayudar en la investigación contra el cáncer y que también financia hospitales para niños enfermos. Sus donaciones se estiman en millones de dólares, pero su nombre no figura en ellas porque Reeves —que igual vive una época de sobreexposición como desaparece por temporadas de la luz de los focos—, sabe que la vida es otra cosa, que el dinero no te devuelve a nadie querido y que necesita tiempo para dedicarle a sus viajes en moto, una pasión que le relaja y a la que también ha dedicado parte de sus ganancias, cofundando Arch Motorcycle Company, una firma dedicada a la fabricación y venta de motocicletas personalizadas.

Lo dijo alto y claro en una entrevista en 2017: “Cada día sobrellevo mejor eso de cumplir años. Soy de esos que, sabiendo que el final está cada vez más cerca, empieza a enumerar las cosas que tiene que hacer antes de morir”. Y seguro que cuando se centra en esos pensamientos le llega poco de Hollywood y más del enfoque cómico de la vida que recuerda de su padre y de la clase y formalidad que ha recibido de su madre, de origen británico.

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