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El día que los padres de Montserrat Caballé supieron que la niña debía dedicarse a cantar

Ocurrió justo después de la Guerra Civil española, una Navidad, cuando ella tenía seis años

motserrat caballe
Montserrat Caballé arropada por sus amigos, el actor Danny Kaye (izquierda) y el tenor Luciano Pavarotti (derecha), en los camerinos del San Francisco Opera House en enero de 1978.

Era una fiesta de Navidad justo después de la Guerra Civil española. Ella era una niña de seis años de ojos vivos y casi siempre peinada con un lazo en el pelo. Acababa de empezar la postguerra, pero Caballé (que ha fallecido el 6 de octubre de 2018 a los 85 años) la recuerda sin apreturas. "Estábamos después de la guerra civil en una situación difícil, pero a la vez agradable. Porque a los abuelos les habían devuelto lo que les habían quitado", explica en el programa de Televisión Española Más allá de la música.

El silencio se hizo en la habitación. Los convocados dejaron de atender a los dulces navideños y se centraron en lo que estaba pasando

La familia vivía en Barcelona, y allí se organizaban las fiestas familiares cuando tocaba. Caballé se estaba criando, además de con muñecas y juegos de críos, con un artilugio que mimaban mucho sus padres: una vieja gramola blanca. De allí salía un sonido maravilloso que la cría asimilaba y empezaba a adorar.

En una de esas fiestas, ocurrió: la niña se arrancó a cantar Un Bel Di Vedremo, de Madama Butterfly, ante el asombro de la familia. "Lo canté sin letra, o repetía la misma palabra anterior", explicó Caballé. El silencio se hizo en la habitación. Los convocados dejaron de atender a los dulces navideños y se centraron en lo que estaba pasando. Todos quedaron asombrados de las cualidades de la cría. "Creo que ahí mis padres decidieron que debía estudiar música", contó Montserrat Caballé.

La soprano de pequeña, siempre con un lazo en el pelo.
La soprano de pequeña, siempre con un lazo en el pelo.

Y así empezó su carrera, en una escuela de música de Barcelona, con doña Eugenia. Al principio estuvieron ocho meses haciendo solo gimnasia. "Algunos alumnos se fueron. Decían que no habían llegado allí para hacer ejercicios como correr, submarinismo o natación. Pero ella sabía lo que quería. Quería desarrollar el pulmón al máximo y la musculatura para después dar un apoyo al sonido".

Y doña Eugenia lo hizo bien, porque ahí empezó a forjarse una de las mejores soprano de la historia de la música.

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