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Un estilo insoportable

PP y Ciudadanos bloquean el funcionamiento de las instituciones

Ana Pastor, este martes en el Congreso.
Ana Pastor, este martes en el Congreso.

Los Gobiernos tienen el encargo de plasmar sus políticas en los Presupuestos Generales del Estado de cada año. Para llevarlo a cabo deben cumplir un único requisito: alcanzar la mayoría parlamentaria en el Congreso de los Diputados. Merced a una enmienda del PP, aprobada en 2012, eso no es así en España sino que se da prevalencia al Senado, lo que no es habitual en ningún Estado de la UE.

Para reaccionar ante esta situación anómala, el Gobierno de Pedro Sánchez buscó un atajo tan legal como discutible: la introducción de la senda del déficit en una ley que no tiene nada que ver con ese asunto. La Comisión de Justicia del Congreso avaló esta vía, pero en última instancia la Mesa del Parlamento, con el voto del PP y de Ciudadanos, contradijo a la comisión. Como consecuencia, no habrá reforma de la ley de estabilidad presupuestaria (para evitar el veto del Senado), y lo que es peor, el Gobierno no podrá, previsiblemente, presentar sus Presupuestos que, como todos ellos, tienen como objetivo mejorar la situación económica y social del país. Hasta aquí el procedimiento. Pero todas estas argucias tienen su corolario político: impiden gobernar a quien está legítimamente en el ejercicio del poder.

Como el perro del hortelano, que ni come ni deja comer, hay partidos que ni gobiernan ni dejan gobernar y que practican una oposición poco leal. Este tipo de formaciones con un sentido patrimonialista del poder y del Estado no son exclusiva de nadie y todas tienen en común su rechazo al reconocimiento de la alternancia e incluso la deslegitimación de quien ha conseguido vencer en buena lid. Eso es lo que está sufriendo el Gobierno de Pedro Sánchez, de impecable elección parlamentaria según la regla constitucional, y con derecho a legislar y aprobar Presupuestos, si es capaz de reunir una mayoría.

No es la primera ocasión en que desde el PP se demuestra que prefiere un país desgobernado antes de que sea otro quien gobierne. Tampoco es la primera vez en que los populares prefieren la parálisis de las instituciones de todos, antes de que el funcionamiento de la democracia conduzca a un relevo en los órganos de gobierno de las instituciones: el Poder Judicial, el Tribunal Constitucional y los medios de comunicación públicos son buenos testigos de este estilo de desgobierno.

La Mesa del Congreso y su presidencia han sido ahora arrolladas por este estilo de hacer política tan alejado de las necesidades del país y de una sociedad abierta. Aunque hay antecedentes en cuestión de atajos para conseguir aprobar legislaciones por parte de Gobiernos del PP, ni siquiera teniendo toda la razón reglamentaria estaría justificado el desprecio a las formas practicado por la presidenta Ana Pastor, con su rechazo a solicitar el dictamen de los letrados y su negativa a llevar la votación al pleno de la enmienda que permitía la aprobación de los Presupuestos de 2019. En este caso, además, el bloqueo ni siquiera da la oportunidad al Congreso de pronunciarse sobre un aumento del gasto de 6.000 millones, aprobado por Bruselas y al que España tendría que renunciar.

Nada explica la innecesaria identificación de una formación joven como Ciudadanos con el más viejo y resabiado estilo político practicado por el PP. Puede haber muchos motivos para la convocatoria de elecciones, pero no son estos, tan espurios y escasamente ejemplares, los que deberían conducir a los españoles a las urnas.

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