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Starbucks, McDonalds y el olor a frito en el atelier de Valentino: la guerra de Italia contra la comida rápida

La tensión que hoy se vive en Milán por el desembarco del gigante del café recuerda a la que se libró cuando la cadena de hamburguesas aterrizó en Roma

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El diseñador Valentino Garavani fotografiado en Roma en 1991. Getty Images

El primer Starbucks de Italia, que ha sido inaugurado en un local de más de 2.000 metros cuadrados en Milán, está a punto de cumplir una semana de vida rodeado de polémica. En el país del café puro y corto esos enormes vasos de plástico con café mezclado con todo tipo de cosas suponen poco menos que una afrenta. Los precios son parte del problema: Starbucks cobra su espresso allí a 1,80, casi el doble de lo que cuesta en cualquier cafetería del país. Y con el frapuccino (una mezcla de batido, helado y café que asustaría a cualquier purista) ni se han atrevido: por ahora no está disponible.

El 5 de mayo de 1986 Valentino inició acciones legales contra McDonalds y exigió el cierre del restaurante debido a que provocaba en su taller “un ruido notable y constante y un olor insoportable a comida frita que ensucia el aire”

Hace 32 años, en 1986, y un poco más al sur (en Roma, la capital), tuvo lugar otra batalla entre las costumbres culinarias italianas y un gigante global llegado de Estados Unidos. El primer McDonald's de Italia desembarcó en la capital el 20 de marzo de 1986 y, al igual que con el Starbucks de Milán, provocó colas de curiosos. En concreto, según una noticia recogida por La Repubblica, de 4.000 personas. La cadena de hamburguesas eligió un antiguo y legendario bar de la ciudad, el Rugantino's, para situar su primer establecimiento. A un tiro de piedra, las famosas escaleras de la Piazza di Spagna.

La hilera de gente, formada por la tribu urbana de los paninari y los hijos de los suburbios de las afueras, llegaba de la plaza a la vía Frattini. Enfrentados a ellos, cientos de romanos indignados que se manifestaban al grito de “¡Roma cicatrizada!” y no estaban dispuestos a aceptar que un gigante estadounidense que promovía el frito y la comida hecha y consumida en masa invadiese un terreno sagrado para la pasta al dente, el vino milenario y las largas sobremesas.

Durante los días que rodearon la apertura hubo manifestaciones callejeras, debates en el ayuntamiento e intelectuales firmando manifiestos que alertaban de la destrucción de la identidad italiana. Aquello era algo más que un conflicto culinario. Era una lucha política, cultural, generacional y urbanística.

La placa que indica que el restaurante McDonalds en Piazza di Spagna en Roma es el primero que se abrió en Italia. Una muy parecida luce en el McDonalds de Gran Vía en Madrid debido a que fue el primero en España.
La placa que indica que el restaurante McDonalds en Piazza di Spagna en Roma es el primero que se abrió en Italia. Una muy parecida luce en el McDonalds de Gran Vía en Madrid debido a que fue el primero en España. Twitter

Entre los que protestaban hubo muchas celebridades italianas. Entre ellos el cantante y actor Renzo Arbore, el cómico y escritor Giorgio Bracardi o el cantante Claudio Villa (que tiene entre sus éxitos, qué casualidad, una versión del clásico Arrivederci Roma). Todos ellos se apostaron a las afueras del local en la Piazza di Spagna el día de la inauguración repartiendo platos de espaguetis a los que hacían cola para entrar en McDonald's en un intento de reclamar el orgullo patrio.

Muchos de ellos mostraban carteles que pedían en inglés: "Clint Eastwood, ¡deberías ser nuestro alcalde!". ¿El motivo? La estrella de cine, alcalde por aquel entonces de Carmel, un pequeño pueblo californiano, había prohibido que abriese en él ninguna cadena de comida rápida. Para los que pretendían salvaguardar la identidad italiana su salvador no era otro que Harry el Sucio. 

El director del local, Francesco Bazzucchi, mostró valor al salir y ofrecer a los manifestantes sus hamburguesas mientras les explicaba que “la carne venía de Bolzano, el pan de Milán y el kétchup de Bolonia”. La paz no llegó. La primera jornada se saldó con lunas rotas y, durante un tiempo, el McDonald's de Piazza di Spagna conjugó la imagen de un sonriente payaso en la puerta con guardas armados y, según informó United Press, cristales antibalas. 

En este tuit un turista recuerda cómo en 1986 se encontró con un guardia armado en la puerta del McDonalds.

El McDonald's de Roma fue en su momento el más grande del mundo con una capacidad para 450 personas. En su menú, todo el despliegue que se podía encontrar en el resto del mundo excepto lechuga: Italia la había prohibido temporalmente por la radiación del desastre de Chernóbil que tuvo lugar solo un mes después de la inauguración y cuya nube radiactiva había llegado a Italia. Por la izquierda, la psicosis nuclear soviética. Por la derecha, el miedo a la invasión yanqui. Ninguna crónica sobre una hamburguesa contiene más historia del siglo XX. 

El exterior del 'atelier' de Valentino en la Via dei Condotti.
El exterior del 'atelier' de Valentino en la Via dei Condotti. Getty Images

Fue el diseñador Valentino Garavani el que mostró una oposición más fuerte y con una excusa más palpable que la defensa de los valores patrios o la protección de una zona histórica. Garavani abrió su estudio en la plaza de España en 1960, al final de la Vía Borgognona, que junto a a la Vía Condotti aglutina varias boutiques de lujo en Roma. Según él, a partir del 20 de marzo de 1986, mientras más allá de los cristales se apelotonaban los jóvenes hambrientos y los intelectuales furiosos, la ropa en su estudio empezó a oler a frito. La parte de atrás del McDonald's, mantenía el diseñador, iba a dar a su estudio.

La noticia cruzó el océano. The New York Times informó el 5 de mayo de ese año de que Valentino había iniciado acciones legales contra McDonald's y exigía el cierre del restaurante debido a que provocaba en su atelier (taller de costura) “un ruido notable y constante y un olor insoportable a comida frita que ensucia el aire”. Como resultado, McDonald's se vio obligado a hacer reformas para adecuar la ventilación y la salida de aires.

32 años después, la casa de lujo y el restaurante favorito de los adolescentes conviven en la misma plaza. Según muchos italianos aún reticentes, si este McDonald's se mantiene rentable y bullicioso en la actualidad es gracias a los turistas estadounidenses. Uno de ellos, David Bergman (de California) escribió la siguiente crítica en TripAdvisor: "Necesitábamos comida normal tras estar una semana entera comiendo pasta mediocre y felizmente encontramos este McDonald's". Le dio cuatro estrellas. 

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