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El guerrero toma medidas

China moderniza sus estructuras militares y su despliegue trata de impresionar al resto de las potencias mundiales

La guardia de honor marca sus posiciones para la recepción de un mandatario extranjero en el Palacio del Pueblo.
La guardia de honor marca sus posiciones para la recepción de un mandatario extranjero en el Palacio del Pueblo. REUTERS

En uniforme de gala, estos soldados chinos preparaban, en el interior del Gran Palacio del Pueblo de Pekín, su participación en la ceremonia de bienvenida del presidente de Costa de Marfil, Alassane Ouattara. Marcaban las posiciones exactas que la guardia de honor debía ocupar durante la revista a las tropas que Ouattara y el presidente chino, Xi Jinping, iban a completar pocas horas después. El mandatario africano es uno de los 30 jefes de Estado o de Gobierno del continente que el lunes y el martes participarán en el Foro de Cooperación África-China, que se celebra cada tres años y al que Pekín otorga cada vez más relevancia. Esta ciudad se ha engalanado especialmente para la ocasión; abundan los carteles conmemorativos y las medidas de seguridad se han reforzado.

Fuera de las ceremonias de bienvenida, el papel del Ejército Popular de Liberación del país asiático es muy distinto. China es ya la segunda potencia militar y el país que más gasta en defensa después de Estados Unidos. Una profunda reforma en su estructura ha modernizado sus Fuerzas Armadas, de dos millones de soldados, a un ritmo vertiginoso, acelerado desde la llegada al poder de Xi Jinping en 2012.

China ha puesto el énfasis en el desarrollo de su poderío aéreo, misiles balísticos y, sobre todo, sus fuerzas navales. Ya cuenta con dos portaaviones y prepara la construcción de un tercero. Desde el año pasado es la mayor fuerza naval del mundo, con más barcos y submarinos —317— que Estados Unidos, que posee 283. El mar del Sur de China, sobre la mayor parte de cuyas aguas reclama la soberanía, es uno de sus principales intereses.

China ya cuenta con su primera base militar en el exterior, en Yibuti, en el Cuerno de África. Esta semana, el periódico hongkonés South China Morning Post aseguraba que prepara su segunda base en una remota región de Afganistán, lo que Pekín ha desmentido.

El mes próximo, el país asiático participará en las mayores maniobras militares rusas desde la era soviética. Nunca lo había hecho a esta escala. Una señal de confianza y un alarde de poderío.

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