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Perversiones inconfesables

Cuando el sexo que nos gusta es difícil de explicar

No hay dos amantes iguales, como tampoco existen dos polvos idénticos. Ojalá podamos sorprendernos en la cama seduciéndonos mutuamente.

Varios objetos para la práctica del fetichismo depositados sobre un fondo rojo.
Varios objetos para la práctica del fetichismo depositados sobre un fondo rojo. GETTY

Nos creemos muy originales en la cama y en verdad lo somos. En el momento en el que dos personas se cruzan entre sábanas, ahí puede ocurrir de todo. Contemplen la posibilidad incluso de que aparezcan ávidos de una sexualidad con la que no tenemos ningún contacto. Se denomina parafilia al comportamiento sexual en el que el placer se consigue en situaciones, actividades, con personas u objetos atípicos. El repertorio es amplio. Y las dudas y los prejuicios más aún.

Me confieso estigmatofílica y altocalcifílica, gusto de follar entaconada y me excitan las personas con cicatrices y remiendos cárnicos varios. No lo puedo evitar; tampoco quiero. De la estigmatofilia fui consciente mucho antes de ponerle nombre siquiera. Siempre me gustaba el que tenía la carne recosida fuera donde fuera su cicatriz, con amantes gloriosos de esos que las amigas contemplan espeluznadas, al no entender que me fuera con el que, de un botellazo, le sajaron medio rostro. La altocalcifilia me la enseñaron queriéndome desnuda y entaconada en la cama; perfeccionaron la docencia regalándome zapatos dignos de pasarela que solo usamos para follar. La parafilia de los taconazos siempre se entiende. Es como si los zapatos hubieran sido creados para eso: para dar placer con su única presencia en un polvo. Pero los defectos físicos que excitan están mal vistos. Solo lo bonito debería ponerme cachonda. ¡Ja!

Todas las personas que practican sexualidades no convencionales practican también el sexo de andar por casa, eso que ellos mismos llaman sexo vainilla

"Algunos necesitamos algo más que un ventilador para tener el sexo que nos gusta", confiesa entre risas Mae, una mujer que adora el sexo gomoso, ese en el que entra en juego el látex y las sensaciones a flor de piel . "Los vestidos de seda y el raso se multiplican en mi ajuar para que mi piel sea el oscuro objeto de deseo. Mi sexualidad pondera las caricias, los roces, la excitación por el simple roce. Ni siquiera en invierno puedo tener sexo gomoso todos los días, pero sí que he aprendido a centrarme en lo que verdaderamente me gusta y en mi caso, no solo quiero una estética determinada proporcionada por las prendas de látex, necesito que el tacto sea el eje central de mi sexualidad".

La pareja de Mae también gusta de la perversión del látex; tienen suerte de haberse encontrado. Psicólogos y sexólogos coinciden en que todos los factores educativos, sociales, psicológicos y culturales van diseñando nuestros gustos personales incluyendo también los sexuales. Igual que tendemos a juntarnos con un tipo de personas para pasar nuestro tiempo libre, discernimos quiénes pueden o no pasar a formar parte de nuestro grueso de amantes. Es más fácil que encontremos a alguien interesante para nosotros en un curso de escritura creativa a que aparezca en el trabajo precisamente porque las personas que acudan a ese curso ya se interesan por lo mismo que nosotros.

Un látigo y un zapato de tacón descansan sobre un fondo de madera.
Un látigo y un zapato de tacón descansan sobre un fondo de madera. GETTY

Igual que si nos gusta que nos empotren, nos fijaremos más en los que puedan cogernos en brazos porque el erotismo explota en la cabeza, haciéndonos pensar sexualmente y activando nuestro deseo a través del relato, el objeto o la persona capaz de provocárnoslo. ¿Qué sexualidad tenemos? ¿Acaso toda ella puede englobarse en el tipo de sexualidad que practicamos con más frecuencia? ¿Es la que más nos gusta? ¿La más complicada que practiquemos que merece aprenderse? Todas las personas que practican sexualidades no convencionales practican también el sexo de andar por casa, eso que ellos mismos llaman sexo vainilla, clasificando bajo el epígrafe del sabor más común, la sexualidad menos escandalosa. "Cada vez que digo que me gusta el BDSM una recua de posibles amantes salen corriendo".

Emilio es habitual a BDSMK, la Asociación para la divulgación de las prácticas sexuales no convencionales. En ella se relaciona con personas capaces de explorar los mismos límites que quiere descubrir él. Pero las cosas no son tan fáciles cuando fuera de este entorno reconoce que le excitan prácticas sexuales en las que no siempre se contempla la penetración, por ejemplo.

"Una de mis perversiones favoritas consiste en atar a mis amantes de manos y pies en la cama, vendarles los ojos y masturbarlas lentamente. Me gusta comprobar cómo van excitándose poco a poco, hasta que pierden el control por completo. Empiezo lentamente, utilizando a veces los dedos, otras veces un vibrador y a menudo mi propia lengua. La mujer no puede escapar ni cerrar las piernas, pero además me gusta que una vez que ha alcanzado el orgasmo, seguir estimulándola. Es decir, si ella se corre yo le abro aún más las piernas para que mi lengua o el vibrador siga haciendo de las suyas. Eso hace que enloquezcan. Tener ese absoluto control sobre ellas es mi particular orgasmo. Me siento mucho más poderoso que cuando eyaculo. Y después, si hay o no penetración, ya lo decidiremos".

"La única manera de que las sexualidades no convencionales dejen de estar proscritas es hablando de ellas con naturalidad", explica Ignasi Puig Rodas, sexólogo, psicólogo, terapeuta de parejas y experto en sexualidades no convencionales. "Si la pareja que nos interesa nunca ha tenido contacto con estas prácticas, hablemos del tema con normalidad antes de que suceda. Si nuestro recién estrenado amante se encuentra de repente conque le sacamos unos amarres para atarlo a la cama, quizás no reaccione como esperamos. ¿Para qué arriesgarnos? El sexo esporádico no convencional solo surge cuando nos conocemos en el entorno apropiado, una fiesta acorde a esa sexualidad no convencional, por ejemplo. No siempre nos gustan personas que ya conozcan esta sexualidad, lo cual no quiere decir ni mucho menos que no puedan entregarse a nuestra causa si los seducimos contándole qué queremos hacer, cómo, qué podrá pasar y por qué queremos hacerlo".

Hablar, mostrar y enseñar. No queda otra. Para compartir, disfrutar, gozar y enamorarte, incluso, de quien menos te lo esperas. No sé a ustedes, pero a mí imaginarme en la situación de esa mujer atada y relamida me puso muy cachonda. Cosas de mentes calenturientas...

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