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Renovables sí, pero explicadas y bien calculadas

Hasta el momento, el ministerio de Transición Energética no ha explicado cómo pretende conseguir el 32% de energía primaria renovable en 2030

Teresa Ribera, ministra de Transición Ecológica
Teresa Ribera, ministra de Transición Ecológica EFE

Un exceso de entusiasmo puede degradar la gestión política hasta convertirla en inverosímil. La exaltación política sobre el objetivo de energías renovables está ofuscando un hecho fundamental: la energía se mueve en parámetros de una inercia muy pesada. No basta con decir que la transición energética española debe incluir un crecimiento sustancial de la producción renovable —afirmación en la que todo el mundo puede y debe estar de acuerdo—, en línea, además, con las directivas comunitarias. Hay que explicar cuál es la posibilidad real de que los objetivos se cumplan, cuánto cuesta conseguirlo, cuál el precio resultante de la energía y, en fin, quién pagará los costes de transición. El entusiasmo por los objetivos —gratuitos per se— vela (al menos, hasta ahora) lo que realmente importa en política: cómo se hace lo que el Gobierno propone y cuánto cuesta. Por cierto, esta es una regla elemental que los Gobiernos del PP se han saltado con demasiada frecuencia y sin demasiados escrúpulos.

La propuesta europea —acuerdo entre la Eurocámara y los Estados miembros— establece como objetivo para 2030 alcanzar un porcentaje de la energía final obtenida con energías renovables del 32%. La posición preferida por los Estados era fijar un objetivo del 27%, pero, por ejemplo, la ministra de Transición Energética, Teresa Ribera, ya había manifestado que España iría “mas allá”. Veamos lo que significa en concreto aceptar esos objetivos que, en abstracto, pueden y deben ser compartidos y defendidos. ¿Quién no quiere explotar el “potencial de transición europea a una energía limpia”? Pues bien, dado que las energías renovables tienen su aplicación a través del sistema eléctrico, resulta que el 27% de energías renovables como porcentaje de energía final equivale a tener en torno al 64% de producción eléctrica producida con este tipo de energías en el año fijado. El 64% todos y cada uno de los días del año.

Si el cálculo se hace con un objetivo del 32%, resulta que para conseguirlo sería necesario conseguir que el 76% de los kilovatios hora producidos por el sistema eléctrico sean de origen renovable. Precisión: se trata de valores medios. Es decir, durante los 365 días del año, la media de electricidad renovable tendrá que ser del 76%. Llueva o truene, nunca mejor dicho. Como hay días sin sol y sin viento, la media exige que un número indeterminado de días, pero en cualquier caso elevado, la electricidad con renovables tendría que ser del 150% del total, o más.

¿Es esto posible? ¿Dispone España de infraestructura (plantas de producción) y del sol y del viento necesarios para conseguir ese porcentaje medio exigido? ¿Confía en los intercambios? La pregunta es retórica, y la respuesta, de entrada, obvia. Por eso es de suma importancia que el Gobierno explique no solo que objetivos defiende, sino cómo pretende conseguirlos. La posición del Gobierno trae a la memoria la idea de aquel sargento de artillería, mencionado jocosamente por Unamuno: “Para construir un cañón hay que tomar primero un agujero y recubrirlo después con hierro”.

Quede para próxima ocasión preguntar cómo sería el recibo de la luz con un 76% de producción renovable, organizado con precios ajustados por el mercado eléctrico actual, manejado a su antojo por las eléctricas.

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