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Entrevista | María Luisa Carcedo

“Nuestro objetivo es que no haya niños pobres en España”

Para la alta comisionada del Gobierno para la lucha contra la pobreza infantil, la precariedad laboral y los recortes sociales han incrementado la vulnerabilidad de la franja más joven de la población

Maria Luisa Carcedo, alta comisionada del Gobierno de España para la lucha contra la pobreza infantil.
Maria Luisa Carcedo, alta comisionada del Gobierno de España para la lucha contra la pobreza infantil.

Las políticas económicas, laborales y sociales que han incrementado la desigualdad en España, asegura María Luisa Carcedo, alta comisionada del Gobierno de Pedro Sánchez para la lucha contra la pobreza infantil, han hecho mella en los más pequeños. Alrededor de 2,1 millones de niños se enfrentan al riesgo de pobreza en el país, algo que para Carcedo (1953, San Martín del Rey Aurelio, Asturias) no es una coyuntura, sino un problema estructural.

Tras la aprobación a principios de este mes de un plan de choque que permitirá a los cerca de 400.000 menores de edad que viven en situación de pobreza severa en España tener garantizada la alimentación y el ocio durante el verano, está trabajando para que esta iniciativa se convierta en un programa más sistemático.

Ahora que la emergencia se ha convertido en un asunto de Estado, insiste Carcedo desde su despacho en La Moncloa, el recién creado Alto Comisionado tiene por delante un reto muy complicado, que necesitará la colaboración de distintos sectores de la sociedad y de la política para abordar medidas como la mejora de las condiciones de trabajo, el incremento de las prestaciones sociales, reforzar la educación pública o una reforma fiscal.

Pregunta. A pesar de que el porcentaje de niños en riesgo de pobreza en España bajó del 29,7% de 2016 al 28,1% en 2017, esta tasa sigue estando por encima de la media general del país. ¿Por qué la pobreza se ceba con la infancia?

El hecho de que los niños no voten contribuye a que este problema tenga menos visibilidad

Respuesta. Este leve descenso está vinculado con una pequeña mejora del empleo, que ha permitido que algunas familias salieran del umbral de la pobreza. No obstante, esta bajada apenas ha afectado a los hogares que están en los percentiles más bajos de la escala de renta. Hay que tener en cuenta también la calidad del trabajo que se ha creado. La precariedad laboral se está cebando especialmente con la población más joven, que es la que tiene niños o que puede tenerlos. Luchar contra ello no es solo una cuestión referente al ámbito laboral, sino que atañe también a muchos otros ámbitos de la sociedad.

P. El porcentaje de pobreza es más alto en los hogares con niños (25,3% frente al 18,1% de los sin hijos) y en especial afecta a los monoparentales (40,6%) —sobre todo si se trata de madres de origen extranjero o con escasos estudios— y familias numerosas (47,7%). ¿Qué medidas específicas se prevén para estos colectivos más vulnerables?

R. La misión de este Comisionado es no solamente intervenir con planes de choque como el del verano, sino que estas medidas se conviertan en estructurales. Nuestro objetivo es que no haya niños pobres, que puedan vivir con sus familias sin tener que preocuparse de si van a disponer de suficientes recursos para lo más básico.

Teniendo esto en la cabeza, todas las medidas que van enfocadas a reducir la pobreza de estos hogares van a mejorar las condiciones de los niños. El enfoque de la lucha contra la pobreza infantil tiene que ser muy amplio. Es por esta razón que el Comisionado no tiene competencias concretas en algo, sino que actúa como una especie de vigilante.

P. ¿Qué medidas habría que adoptar?

R. La ministra de Empleo, por ejemplo, acaba de anunciar un plan de lucha contra la precariedad laboral. Esta es una de las medidas más eficaces. Y podríamos seguir hablando de educación: hay que trabajar para prevenir el abandono y la segregación escolar, mejorar la orientación de las becas. Otro ejemplo muy claro es poner en marcha una reforma fiscal que no perjudique a las rentas más bajas. La situación de la pobreza infantil no es algo puntual o que haya que tratar específicamente como si fuera una enfermedad y le corresponda a Sanidad intervenir. Se trata de una confluencia de políticas económicas, laborales, sociales que han incrementado la desigualdad, empeorando la situación de los hogares más pobres.

La pobreza es un tema estructural que afecta a todas las facetas de la sociedad. Hasta hace poco, no todos éramos conscientes de la situación que viven algunas familias, pero hay un problema y no podemos mirar hacia otro lado. Nosotros como partido llevamos mucho tiempo llamando la atención sobre este asunto y hemos intentando ponerlo en la agenda en numerosas ocasiones. A veces digo que el hecho de que los niños no voten contribuye a que este problema tenga menos visibilidad.

P. A pesar de las recomendaciones internacionales, en los Presupuestos Generales del Estado de 2018 apenas se hace mención de los niños y niñas más vulnerables. ¿Cuáles son las previsiones para el próximo año?

R. La propuesta de ingresos mínimos vitales para nosotros es muy importante. En los presupuestos de este año no se contempla, pero vamos a ver cómo acaban los de 2019, aunque parece que no va a estar fácil.

La pobreza es un tema estructural que afecta a todas las facetas de la sociedad

Además de mejorar las prestaciones por hijo a cargo, hay que mejorar el sistema fiscal y el mercado del trabajo. Estamos pensando en cambios a todos los niveles, pero de momento es un poco prematuro debido a nuestra actual situación parlamentaria [Su partido, el PSOE, gobierna con apenas el 24% de representación en el Congreso].

P. Acabar con la pobreza infantil severa costaría 4.000 millones de euros, según Save the Children. ¿Qué presupuestos maneja el Alto Comisionado?

R. Esta cifra sería pensando en prestaciones por hijo a cargo. Junto con esto hay que tomar en cuenta otras cuestiones para poner en marcha cambios a todos los niveles. Ya veremos, esto es un poco prematuro, pero quiero poner el foco en que aquí hay muchas políticas que son responsables y hay que pensar en modificarlas.

P. Usted asegura que la pobreza es hereditaria, pero que la educación es una de las herramientas que pueden romper esta espiral. ¿Cómo se garantiza que todos los niños acudan a clase en las mismas condiciones, incluso los que no pueden ni desayunar en casa?

R. Reforzando la educación pública y luchando en contra de la exclusión y la segregación social en las escuelas. En algunos centros, sobre todo en barrios con mayor riesgo de vulnerabilidad, ya se ofrecen desayunos a los alumnos. No se trata solamente de garantizarles comida, sino de que la alimentación sea equilibrada y adecuada para su desarrollo.

En España, hay cerca de 400.000 niños que viven en hogares con carencias materiales severas. Durante el verano, tras el cierre de las escuelas, se quedan sin acceso a comida de calidad y opciones de ocio. Las actividades veraniegas proporcionan un tipo de aprendizaje informal pero muy efectivo. A un niño que vive en la ciudad, por ejemplo, no se le olvida cuando va a visitar una granja o a la playa. Pero se necesita dinero para comprar la entrada a un museo o pagar una cuota para ir al campamento y muchas familias no pueden permitirse gastos extraordinarios [una de cada tres, según la última Encuesta de Condiciones de Vida del INE].

Esta situación de desventaja, el llamado vacío del verano, que puede suponer retraso escolar y hasta trastornos, se cronifica año tras año. El objetivo de este programa es alertar de que esto ocurre, pero ahora hay que impulsar un remedio más sistemático para garantizar alimentos y equidad educativa todo el año y no dejarlo solo en manos de los Ayuntamientos.

P. ¿Qué cauces se van a crear para escuchar la voz de niños y niñas, adolescentes y familias en riesgo de pobreza?

R. La Plataforma de Infancia [que reúne organizaciones como Unicef, Cáritas o Save the Children] tiene la mirada puesta en este tema, porque hacer oír su voz es un derecho de los niños. Es necesario, pero de momento aún no hay ninguna medida concreta. Vamos a intentar crear cauces para todos aquellos que quieran participar y arrimar el hombro, al margen de las medidas de justicia social que hay que poner en marcha.

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