Selecciona Edición
Conéctate
Selecciona Edición
Tamaño letra
arte urbano

Identidades y lugares

Un análisis al documental "Rostros y Lugares" que nos ayuda a ejemplificar la belleza de lo invisible

El espacio es un componente esencial dentro del campo de la arquitectura que se diseña para ser funcional y expresivo. Para muchos, el espacio es una porción de tierra confinada y limitada, de dimensiones variables que, en cierta manera tiene características, pero no carácter; y esta es quizás una de las diferencias entre espacio y lugar.

Verónica Zidarich entiende los lugares como "simples localizaciones relativas donde ocurren ciertas interacciones y son servidas funciones específicas (…) los lugares son centros de acción y de interacción". La noción de lugar va más allá de la materia física, y trasciende las cualidades tangibles y materiales, tales como tamaño, proporciones y rasgos: "los lugares poseen cualidades intangibles, que están basadas únicamente en las impresiones proporcionadas por las experiencias".

De este modo, la interacción es entendida como el atributo decisivo que contribuye al proceso de transformación de 'espacio' a 'lugar', ya que involucra una relación persona-lugar, que además de ser física, es emocional.

La recién estrenada película 'Visages, Villages' (Rostros y lugares), co-dirigida por la cineasta Agnès Varda y el fotógrafo y artista francés JR, pone de manifiesto lo expuesto, añadiendo el componente del arte que es lo que enfatiza esta conexión entre habitante y lugar.

En nuestras ciudades, cuando los espacios se llenan de significado estos adquieren un papel fundamental para moldear la identidad tanto de la urbe como de sus habitantes. Y ambos artistas persiguen explorar la fusión entre identidad y territorio, tan solo colocando fotografías de grandes dimensiones en fachadas y muros de distintos espacios públicos, reflexionando sobre lo efímero, lo permanente, lo invisible, lo ético, lo humano… haciendo palpable que la belleza está en todas partes.

JR y Varda se centran en la belleza de lo cotidiano mostrando la realidad de pequeños pueblos, entornos rurales y portuarios revalorizando a las personas anónimas (mineros, carteros, agricultores, queseros… ) poniendo en valor los rostros humanos ante la despersonalización del mundo moderno, potenciando la identidad y el sentimiento de pertenencia.

Este documental demuestra que los espacios físicos moldean nuestra manera de vivir y percibir el entorno más inmediato; pero estos espacios físicos también se convierten en espacios vividos siendo las experiencias tanto positivas como negativas las que construyen una identidad común. Así, el recuerdo de una ausencia, de un instante o de una reivindicación no solo están en nuestra imaginación, sino que también pueden estar presentes en el territorio a través del arte; lo que recuerda al "aura" de Walter Benjamin – esa condición que acerca al hombre con lo espiritual o con la esencia del objeto, ser o lugar que "nos devuelve la mirada cuando lo miramos"–.

Por supuesto, la identidad –ya sea personal o colectiva– no es cortada por un mismo patrón, ni tampoco es estática; esta se moldea, evoluciona y desaparece, así como los lugares donde vivimos, trabajamos o paseamos. Y en este mismo flujo es donde se encuentra la base que verdaderamente caracteriza y recopila las historias y las memorias vividas en el lugar. En Seres Urbanos, hemos hablado mucho de este tipo de intervenciones colectivas, que ayudan a reivindicar un patrimonio, una identidad, una idea, un mensaje...

Y en cierta manera, este documental nos recuerda que es necesario mirar y apreciar el paisaje urbano, y entender que detrás de cada muro, y detrás de cada persona, hay una historia llena de vida.

Más información