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Inmigración, el fuego y el humo

Esta reunión no evitará un endurecimiento de las políticas migratorias europeas

El primer ministro italiano, Giuseppe Conte, este viernes tras la reunión del Consejo Europeo.
El primer ministro italiano, Giuseppe Conte, este viernes tras la reunión del Consejo Europeo. EFE

El Consejo Europeo ha pactado, bajo la urgencia creada por los últimos rescates de barcos en el Mediterráneo, una serie de medidas que si bien parecen un consenso entre los países europeos, detrás de las proclamaciones la realidad es más aguda. De las nueve medidas adoptadas, unas responden al muy corto plazo mientras que otras no hacen más que reafirmar los pactos “pactados” una decena de veces desde el comienzo de los 2000.

A corto plazo se ha adoptado el principio de creación de “centros de control”; a medio plazo, de “plataformas en países de origen”, de ayudas financieras a Italia —más que legítimas en este caso, aunque también debiera recordarse al actual Gobierno italiano la necesidad de luchar contra sus propias mafias nacionales que trabajan en connivencia con las mafias africanas— a Turquía y a Marruecos. Lo importante aquí es, en realidad, el reforzamiento de los controles en las fronteras europeas, con más ayuda a los países de primera línea pero sin una clara afirmación de que tal reforzamiento se inscriba en el marco de la profundización de la política común europea. Los países del Este, pero también Italia, Austria y Alemania, saben que, probablemente, en el futuro no se evitarán acuerdos intergubernamentales en este marco, fuera del ámbito europeo.

En cuanto a las “plataformas regionales de desembarco” queda por saber cuál será su ubicación, cómo se harán los filtrajes y quién controlará todo el proceso. Está claro que estamos ante una importante innovación que trata de aceptar la “extraterritorialización” del derecho europeo y de la cual no pueden garantizarse ni su éxito ni el precio que se pagará por ella.

Respecto al largo plazo —ayuda al desarrollo de los países africanos— la UE no afronta el problema y sigue abogando por una mera cooperación y un aumento de la financiación a la cooperación existente, cuando en realidad debiera tratar de lanzar las bases de una cooperación estructural cualitativamente diferente con los países africanos que la necesiten, centrada en la cofinanciación de políticas regionales y locales de desarrollo en empleo, formación y medio ambiente a fin de estabilizar los flujos migratorios. Es preciso entender que la cooperación tradicional es hoy en día impotente frente a los efectos de la globalización y de la crisis medioambiental en el norte y sur de África.

Seguramente debamos al nuevo Gobierno español las referencias, en la declaración final, al respeto a la dignidad de las personas y a una mirada más solidaria ante la tragedia migratoria, pero esta postura tendrá más dificultades en el futuro. Dado el curso actual de los acontecimientos, caracterizado por el policentrismo que se está expandiendo en Europa con varios gobiernos compuestos por partidos conservadores y extremistas de derechas, así como la potencia de las mafias y la demanda inagotable de peticionarios de asilo y trabajo, no se evitará un endurecimiento de las políticas migratorias europeas. La reunión de Bruselas no ha apagado el fuego, sólo ha desviado el humo momentáneamente.

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