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Kanye West, ¿genio o idiota?

El músico pasará a la historia por una de estas dos cosas, pero aún es pronto para saber por cuál

Kanye West
Kanye West durante una fiesta en Universal Studios (Los Ángeles, EE.UU.) el pasado 21 de junio. Getty

El Panteón griego tenía la manga ancha. Tanto que habilitó espacio para una diosa cuya razón de ser estaba en inspirar a los mortales el impulso (por lo general, autodestructivo) de desafiar los límites trazados desde el Olimpo para reglamentar la vida humana: Hybris, la diosa de la Inmoderación y la Desmesura. Se diría que alguien como Kanye West mantiene con ella una relación tan estrecha como la del Hermano Mayor de la Ilustre Cofradía Penitencial de Nuestra Señora de las Angustias con la correspondiente advocación mariana. No es su devoción religiosa (aunque esté dirigida a la Deidad del Descalabro) el único rasgo filohispánico del kardashiano consorte. Como ustedes saben, el autor del monumental The life of Pablo (2016) dejó claro hace poco que su relación con la memoria de la esclavitud podría ser homologable a la de Pablo Casado con la de nuestra Guerra Civil y su trazado peninsular de cunetas y fosas comunes. Todo sería muy fácil si Kanye fuera tan solo un bocazas, pero el caso es que todo intento de bromear a costa de su ego fuera de control tiene que chocar, inevitablemente, con la evidencia de estar ante un tipo que, en lo suyo, marcó un antes y un después, rompiendo con la retórica malota del gangsta rap para esbozar un hip hop destinado al consumidor inteligente. En el futuro no habrá manera de explicar los primeros compases de la cultura del siglo XXI sin mencionarlo, aunque dependerá de la evolución de las sensibilidades terrícolas que lo que haya garantizado su inmortalidad sea su revolución musical o sus meteduras de pata en las entregas de los MTV Awards, sus periódicos incendios de Twitter, su impudicia a la hora de igualarse a Disney, Picasso y Steve Jobs o su amistad con ese Trump con quien cree compartir Energía de Dragón. Kanye West seguiría siendo grande sin haberse dado al dislate, pero el caso es que, a diferencia de la esclavitud, lo de ser percibido al mismo tiempo como genio y como idiota en la sociedad hipervisible sí que es realmente opcional.

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