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Cuba revisa una Constitución obsoleta

La reforma constitucional será doctrinaria e instrumental: no se concibe como la antesala de una transición hacia la democracia

Vista del Parlamento cubano en la primera sesión bajo el nuevo Gobierno del presidente Miguel Díaz-Canel, en el Palacio de Convenciones de La Habana, el pasado 2 de junio.
Vista del Parlamento cubano en la primera sesión bajo el nuevo Gobierno del presidente Miguel Díaz-Canel, en el Palacio de Convenciones de La Habana, el pasado 2 de junio. AFP

Las cábalas sobre Cuba son recurrentes desde que el artículo 5 de la Constitución de 1976 estableciera que el partido comunista es “la vanguardia organizada de la nación y la fuerza superior dirigente de la sociedad y del Estado”. Las suposiciones se aceleraron después de la designación de un presidente civil, Miguel Díaz Canel, y el anuncio de una reforma constitucional que deberá ser sometida a referéndum.

El monopolio gubernamental y la opacidad permanecen inalterables desde hace 68 años. Ni el embargo de Estados Unidos, ni la pérdida de los subsidios soviéticos, ni el derrumbe económico del trienio 1990-93 y las penalidades sufridas por la población, consiguieron quebrar la supremacía del Partido Comunista de Cuba (PCC) y de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR) en todos los ámbitos.

La delegación de poder en las enmiendas constitucionales que revisa un grupo dirigido por Raúl Castro y Díaz-Canel es improbable; pretender conseguirlo por la fuerza, una quimera. Las masas nunca ocuparon el malecón de La Habana para tumbar a Fidel Castro, sino para pedir un visado a EE UU y España, o para cruzar en balsa el estrecho de Florida. No hay espacio en la isla para el activismo contrarrevolucionario, ni existe una oposición articulada; cuando intenta serlo es reprimida. La única manifestación hostil significativa se produjo el 5 de agosto de 1994 en que cientos de cubanos reclamaron a pedradas libertad y facilidades migratorias.

La reforma será doctrinaria e instrumental: no se concibe como la antesala de una transición hacia la democracia. Fundamentalmente, pretende la consolidación de la revolución de 1959 como proyecto político. Se mantendrá la hegemonía del partido y la propiedad estatal de los medios de producción con una mayor descentralización de las políticas económicas; probablemente se corregirá la ley electoral y la interlocución del gobierno con la sociedad.

A la espera de conocer el borrador de conclusiones, no son previsibles enmiendas hacia el pluripartidismo y la sindicación independiente, ni tampoco la aprobación de cerrojos que impidan el desarrollo legislativo de nuevas formas de representación en la unicameral Asamblea Nacional del Poder Popular (Parlamento) con la entrada de un grupo de diputados sin militancia ni convicciones comunistas.

El grado de intervención del Estado y de la inversión privada en la economía constituye una de las principales ecuaciones a resolver en las reuniones preliminares, que discutirán también sobre la legalización de las pymes y cooperativas no agropecuarias, descartando privatizaciones a gran escala. Los elementos constituyentes de Vietnam y China susceptibles de convivir con la realidad cubana, con el picadillo criollo y el ron añejo, son también analizados.

La Constitución de 1976 se inspiró en la URSS, y fue revisada en 1992 y 2002. La liberalización socioeconómica promovida por los dos últimos congresos del PCC y la imbatibilidad de la globalización determinaron el nuevo repaso del texto.

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