Cartas al director
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Carta al destino

Malas lenguas de nuestra sociedad dicen que son terribles todas las noticias. Cuentan que unos idiotas han tomado los gobiernos de todo el mundo. Que, por un lado o por el otro, quieren dividir nuestros pueblos. Que lloverán bombas: unas de políticos tarados; otras de lunáticos armados. Cuentan que los jóvenes prenden hojas de libros por las mañanas y hojas de tabaco por las noches. Yo he leído otras noticias. He visto humanidad. He comprendido que no son las lágrimas las que curan, sino los abrazos sinceros. Personas de todas las naciones han decidido soltar las armas para agarrarse las manos. No se trata de cuántos se van, sino de cuántos llegan cada día. No toca llorar ni lamentarse. Es hora de celebrar que no solamente somos más, sino que somos, cada día, un poco mejores. Así que al destino, llamémoslo “nuestro mundo”, le pido que apuñale a la tristeza, robe un beso y nos tienda la mano. A este mundo le pido que dé un respiro y recuerde que todos podemos ser pequeños héroes y que las capas solo sirven para taparnos. Querido destino, haz que cinco dedos ahora sean diez.— Fu Dung. Pamplona.

 

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