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EL NO YA LO TIENES COLUMNA i

Promoción a la americana

Caían frigolitos como puños y Chris Pratt estuvo allí saludando a todo el mundo. ¿En qué lugar me deja esto a mí?

Chris Pratt
El actor Chris Pratt en el estreno en Madrid de la película de J.A. Bayona 'Jurassic World: El reino caído'.

Recientemente vi una película que me sulibelló. En ella, unos personajes jurásicos y desubicados vivían mil peripecias; no, no es La Belleza de Sorrentino, me refiero a Jurassic World: El reino caído de J.A. Bayona. Tuve la suerte de ser invitado a la première mundial, a la que también acudió su protagonista: Chris Pratt.
Se había quedado muy buena tarde en Madrid, pero justo cuando el señor Pratt descendía puntualísimo de su limusina, empezó a granizar. Del cielo caían frigolitos como puños, de esos que cuando los ves no puedes evitar decir: “Uh, esto para el campo es fatal”. (Así es la vida: todo va miel sobre hojuelas hasta que, sin olerte la tostada, vienen los nubarrones y la cosa se tuerce. Y si no que es lo digan a Mariano Rajoy).
Pues os queréis creer que el señor Pratt, en vez de correr a guarecerse, se detuvo a satisfacer las demandas de sus fans. ¿Pero cómo se puede ser así? ¡Que estuvo más de media hora larga siendo cortés con todo quisqui!
Pero es que luego, antes de la proyección, se puso delante del cañón de luz y como si nada, improvisó un discurso divertido y ocurrente. ¡Que rabia!
Por comparación ¿En qué lugar me deja eso a mí? Yo en la última promoción que hice como actor, primero llegué tarde —no por nada en concreto si no porque me quedé durmiendo, bueno. Bueno, entonces sí que fue por algo en concreto—. Después no consentí hacerme ni una foto —ni siquiera con una adorable niña de bucles dorados—. Y para terminar, cuando fui requerido para decir una palabras, lo que salió de mi boca fue esto: “La película es regulera tirando a mala, lo mejor son los créditos. En esta ocasión ni siquiera podemos asegurar eso tan socorrido del buen ambiente, en el rodaje porque hubo gritos, lloros y espantadas”.
“No quiero entrar en detalles”, continué, “pero a mí se me obligo a poner un acento muy raro, pido disculpas por anticipado. No obstante y dicho esto, tengo por obligación contractual que suplicarles que la recomienden a sus conocidos y allegados. Gracias”.

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