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El hermano genial de Simone Weil

André Weil, uno de los mejores matemáticos de la historia, huyó de Francia para no luchar en la Segunda Guerra Mundial

André y Eveline Weil
André y Eveline Weil

La foto que ilustra este artículo se tomó en algún momento de 1939. Aunque puede que sea la primera de André y Eveline Weil como matrimonio, no parece tener nada fuera de lo común. Sin embargo, permaneció durante cincuenta años en un archivo clasificado de los servicios de inteligencia de Finlandia. Cuando se tomó la imagen, André Weil (1906–1998) ya despuntaba como una de las jóvenes promesas de la matemática francesa. Aún no había revolucionado la teoría de números usando la geometría, ni probado la hipótesis de Riemann para curvas algebraicas sobre cuerpos finitos, pero ya portaba una seguridad que se filtra entre los grises de la imagen. Había sido criado como un genio y mimado como corresponde al primogénito de una familia burguesa y judía en el París de principios del siglo XX; también su hermana, Simone, llegaría a ser una de las filósofas más influyentes de su época, además de revolucionaria.

Tras completar su formación en los centros más prestigiosos de Francia, André viajó por Alemania, Italia e India, donde intentó renovar la educación matemática en la Universidad de Aligarh, mientras aprendía directamente de Gandhi el deber de desobedecer las leyes injustas sin preocuparse por las consecuencias. Cuando posaba para la fotografía ya era profesor de la Universidad de Estrasburgo y había fundado el colectivo Bourbaki junto a antiguos compañeros de la École Normale Supérieure con el modesto objetivo de modernizar la matemática usando el método axiomático y la noción de estructura. Nadie dudaba de su futuro prometedor.

Pero llegó la Segunda Guerra Mundial, y la huida: André no estaba dispuesto a sacrificarse por un conflicto que consideraba inútil. Había visto cómo la Primera Guerra Mundial había sepultado a la generación anterior de científicos franceses, y consideraba que su dharma no era combatir como soldado, sino hacer matemática mientras pudiera. Así que abandonó Francia antes de ser llamado a filas, con la idea de alcanzar un país neutral y desde ahí huir a EE UU. Su plan se truncó en Helsinki, el 30 de noviembre de 1939, donde le detuvieron bajo la sospecha de ser un espía soviético. Al retenerle por sus ropas de extranjero, comprobaron que ya tenía una denuncia previa, de hacía unas semanas, mientras veraneaba en el lago de Salla, próximo a la frontera rusa.

Unas notas matemáticas

Cuando la policía finesa registró el pequeño piso que André había alquilado en Helsinki encontró materiales sospechosos: notas matemáticas, papeles para crear un colectivo secreto internacional y correspondencia con matemáticos rusos. También la foto con Eveline. André trató de explicar todo aquello, pero fue conducido a la Embajada francesa, donde tuvo que confesar que se encontraba en Finlandia huyendo de la inminente llamada al frente. Lejos de prestarle ningún apoyo, la Embajada le tachó de comunista, desertor y traidor a la patria y ofreció su colaboración para encontrar pruebas incriminatorias en los documentos incautados.

Y los fineses querían fusilarle. Así se lo anunció el jefe de Policía de Helsinki al famoso matemático Rolf Nevanlinna, quien propuso otra solución: “¿No pueden simplemente llevarle a la frontera y expulsarle?”. Gracias a esta intervención, André fue conducido a Suecia, vía Laponia, el 12 de diciembre de 1939. O, al menos, de esta manera se lo contaría Nevanlinna a Weil 20 años después, y lo escribiría en sus memorias. Sin embargo, ni el tiempo ni el lugar cuadran con la realidad. Pero, ¿por qué se iba a inventar esta rocambolesca aventura? Nevanlinna se había distinguido por sus simpatías nazis y, tras 1945, una historia de salvación de un judío famoso como Weil le permitiría blanquear su pasado. Por su parte, André siempre disfrutó contándola; añadía un punto novelesco a su biografía: un cóctel irresistible de espías, cárcel y azar.

Hasta 1991 esta fue la historia oficial. Pero ese año Osmo Pekonen, profesor de la Universidad de Jyväskylä, accedió al expediente clasificado de André, depositado en los archivos de la contrainteligencia finlandesa. Y comprobó que aunque la sospecha de espionaje era real al comienzo, pronto se desvaneció y André fue expulsado a Suecia, sin mediación alguna de Nevanlinna. Pekonen descubrió que la única inculpación concreta formulada contra André por toda la administración civil finlandesa fue una queja de una bibliotecaria reclamando la devolución de unos libros prestados. Además, en Finlandia nunca se fusiló sumariamente y ningún tribunal se reunió en Helsinki mientras estuvo preso. En Francia sí le juzgó un tribunal militar y fue condenado por deserción, tras unos meses en la cárcel. Esa condena determinó su vida. Muchos de sus colegas nunca le perdonaron su falta de sacrificio por el país, e hicieron todo lo posible para que nunca volviera a ocupar un puesto de profesor en Francia. Murió hace veinte años en Princeton (EE UU); demasiado lejos de París, tan cerca de la leyenda.

David Fernández es investigador en la Universidad de Bielefeld y Ágata Timón es responsable de Comunicación y Divulgación del ICMAT.

Los autores quieren agradecer la ayuda de Osmo Pekonen (Universidad de Jyväskylä) por los documentos e imágenes facilitados.

Café y Teoremas es una sección dedicada a las matemáticas y al entorno en el que se crean, coordinado por el Instituto de Ciencias Matemáticas (ICMAT), en la que los investigadores y miembros del centro describen los últimos avances de esta disciplina, comparten puntos de encuentro entre las matemáticas y otras expresiones sociales y culturales, y recuerdan a quienes marcaron su desarrollo y supieron transformar café en teoremas. El nombre evoca la definición del matemático húngaro Alfred Rényi: “Un matemático es una máquina que transforma café en teoremas”.

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