La conejera
Lo que no entiendo es que digan que les lapidamos con que eso es de señoritos, cuando ellos dijeron que eso es de señoritos


Cuando nació mi primogénita, al padre y a mí nos entró una prisa loca por cambiar de domicilio. Un piso de 70 metros en un barrio sin parques ni piscinas ni parterres no nos parecía sitio para criar a una niña. A nosotros, que crecimos con una purrela de hermanos y abuelos y tíos solteros pululando por casa en un tinglado de literas, mesas extensibles y camas nido sin coger el tifus ni nada. Pero nuestra hija no. Ella necesitaba espacio: un garaje, un jardín, una buhardilla, una alberca aunque fuera comunitaria donde mojarse el culo en verano, una infraestructura. Total, que nos hipotecamos a 30 años y nos mudamos a una urbanización de adosados, el no va más del quiero y no puedo de la época. No se me olvidará el dictamen de mi padre ante la residencia. Viendo a los jóvenes vecinos desbrozar sus 60 metros de parcela rodeados de críos de teta y/o de útero, soltó sentencia inapelable: “Valiente conejera de señoritos”, y se puso a arreglar cosas, que era lo suyo. No volvió sobre el asunto, pero capté el mensaje.
Comprendo a Irene y a Pablo. Cuando vas a ser padre pierdes el GPS por tus niños. Y eso que a mí ni me acosaban los paparazi, ni me linchaban propios ni ajenos, ni me tiraban piedras por la calle, como dicen que les hacen a ellos. Pero, sí, querer lo supuestamente mejor para los hijos es más viejo que quitarse años. Resulta que los líderes de Podemos se han mercado una conejera de señoritos con piscina propia, pabellón de invitados y cole guay en la puerta. Y yo que me alegro. Lo que no entiendo es que digan que les breamos con que eso es de señoritos, cuando eran ellos quienes nos breaban con que eso es de señoritos. Y quien dice señoritos, dice casta. Ni justo ni injusto. Es llamar a las cosas por su nombre. Por cierto, en mi urba los críos han crecido, pasan lo más grande de la piscina colectiva, y muchos de sus señores padres, o se han divorciado o están en ello. Yo no digo nada.
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