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Así es La Navata, el colegio alternativo junto al chalé de Iglesias y Montero

Este centro público trabaja desde hace 23 años con proyectos, sin libros ni exámenes, para acompañar a los niños en la construcción de su aprendizaje

Entrada del colegio público La Navata en Galapagar, esta mañana.
Entrada del colegio público La Navata en Galapagar, esta mañana.

Los líderes de Podemos Pablo Iglesias e Irene Montero, que a la vuelta del verano se convertirán en padres de mellizos o gemelos, han decidido mudarse a un chalet a La Navata, una pedanía de la localidad madrileña de Galapagar. Uno de los motivos que ha pesado en la compra de la vivienda, según fuentes del partido morado, es la cercanía de un colegio público conocido por un método educativo de aprendizaje alternativo que les gusta mucho. Aunque ni ellos ni sus portavoces concretan el nombre del centro, en la zona solo hay tres, uno de ellos privado, otro en el que se usan libros de texto y un tercero, conocido en la Comunidad de Madrid porque trabajan con proyectos, sin libros ni exámenes. Se trata del colegio La Navata, donde esta mañana daban por hecho que son ellos, aunque ni han visto nunca a la pareja ni han hablado con ellos.

Laura Ortega, que este curso se ha estrenado como directora de un cole en el que lleva nueve años trabajando como maestra de Infantil, confiesa por teléfono que se ha enterado por la prensa y confirma que allí llevan "a sus hijos varios miembros del partido". Pide que "no se politice" el asunto y subraya que su centro "está abierto a todos los niños y a todas las familias" a las que les guste la idea de un colegio "diferente". Ortega cuenta que no es ni muchos menos el primer caso de familia que va a vivir a la zona expresamente por su cole, al revés, les ocurre con frecuencia. Y no le extraña. Además del factor educativo, "es un lugar muy agradable" para vivir, un "oasis de chalets unifamliares más o menos antiguos y con un nivel socioeconómico medio-alto", con padres de un alto nivel de estudios.

Pero no quiere que se lleve nadie a engaño: son un centro público, "con los medios y las ratios altas de los coles públicos" y con una tutora por curso y una profesora de apoyo para las seis aulas de infantil. "Nada que ver con las escuelas privadas libres que usan metodologías similares a la nuestra, que tienen dos y hasta tres profesores por aula", avisa a los interesados. También recuerda a los padres que les llaman o se acercan a las jornadas de puertas abiertas que "vivir en la zona no garantiza entrar" a La Navata, ya que el proceso de selección es "el oficial y ordinario" de Madrid, en el que pesa más que haya hermanos en el centro que cualquier otra consideración. Son 10 puntos extra si se tiene un hermano en el centro y solo un punto por vivir y trabajar en el municipio del colegio elegido. Este curso tienen la ratio máxima, 25 niños por aula, y ninguno de los niños que lo eligieron como primera opción se quedó fuera porque ha habido "un importante descenso de la natalidad", pero el año pasado fueron 70 en total en todos los cursos.

Los gemelos, ¿juntos o separados?

Un aspecto que preocupa mucho a los padres múltiples a la hora de escolarizar a sus hijos es si los van a separar o no en clase. Conforme ha crecido el número de partos múltiples, ha ido fraguando un movimiento de padres, psicólogos y educadores a favor de la libertad de elección y de que no se aplique la separación por decreto. Aunque pueda surgir algún inconveniente y lo óptimo es atender a cada pareja en particular, los beneficios de tenerlos juntos en clase siempre superan a los inconvenientes, en opinión de una de las mayores expertas en este campo, Coks Feenstra, psicóloga infantil especializada en múltiples y autora del libro El Gran Libro de los Gemelos.

En Madrid, donde el 5% de los niños que entran en Infantil son múltiples, Educación ha pedido ese mismo curso que "se escuche a los padres y que se atiendan sus preferencias" a la hora de escolarizar a mellizos, gemelos y más. Sin embargo, esta recomendación, que ha convertido a Madrid en la primera comunidad que se pronuncia al respecto, se topa en la práctica con la autonomía de los centros, que son los que tienen la última palabra y en la mayoría de los casos siguen separando por tradición.

¿Qué opina La Navata? "Los separamos porque es lo que siempre se ha hecho. Se dice que es mejor para que se desarrollen como individuos, aunque sí están juntos en el patio y en las actividades interclases", aclara la directora, que hace hincapié en que ellos escuchan "a las familias siempre". "Si lo pide algún padre, lo estudiaríamos", promete.

¿Pero qué hace a este colegio tan especial como para mudarse a Galapagar? "Nuestro proyecto tiene tres pilares. Para empezar somos una escuela abierta en la que se anima a los padres a que participen. Entran, salen, forman parte de comisiones, son parte activa del equipo y dinamizan el centro. No somos todavía una comunidad de aprendizaje, pero es nuestro objetivo. La relación con las familias es muy estrecha, entran hasta en la cocina, literalmente", empieza Ortega, que emana ilusión, entusiasmo y compromiso con su colegio.

El segundo eje es que "todo es de todos". "Usamos una dinámica sin libros de texto, por lo que tenemos una gestora de materiales y visitas. Los padres pagan 150 euros al año y tienen incluido desde los folios, a témperas, plastilinas... las excursiones y cuentacuentos. A las familias sin recursos las becamos a través de la Fiesta de la Solidaridad, que se celebra este 2 de junio. Montamos un mercadillo el que vendemos comida y objetos donados a un euro. Una parte de los que sacamos va a una ONG, otro a pagar reformas en el centro y la tercera, a becar alumnos con dificultades".

El tercer pilar, el pedagógico, se denomina "otra mirada". "En este cole se aprende investigando, trabajamos por proyectos", indica Ortega, que matiza que, con el transcurso de los años, han ido flexibilizando el concepto. "No tenemos libros de texto pero tampoco somos un centro 100% de proyectos y también depende de que el tutor concreto se sienta más o menos cómodo con la metodología. Hemos ido cediendo y, en algunas materias, como en matemáticas y lengua, tenemos un cuadernito de apoyo", declara la directora de La Navata.

En este punto, surge uno de los problemas para desarrollar y consolidar un proyecto de este tipo: la falta de un equipo estable. "La continuidad es fundamental. Ahora mismo tenemos más de un 60% de profesores estables". Así las cosas, que haya más o menos cuadernillos o proyectos "depende mucho de los cursos". "Hay años en los que tenemos a docentes entusiasmados con el modelo del centro y otros en los que lo no comparten y piden irse". Su caso es el contrario, vivía en Aranjuez y pidió La Navata en el concurso de traslados. "Cuando conocí el colegio pensé 'y encima es público, yo quiero estar ahí'. Me aburre el tipo de educación tradicional y si me aburre a mí, cómo no va a aburrir a los niños. Los profesores y los niños necesitamos algo más estimulante, un reto continuo y diario", confiesa.

Sobre el nivel educativo, Ortega afirma que están en la media de la Comunidad "y bastante por encima respecto a los de la zona en Educación Artística, Matemáticas, Ciencias Naturales y Educación física". Ellos no preparan a los alumnos para las polémicas pruebas de nivel externas que existen en la región, a diferencia de lo que ocurre en otros centros. "No le damos importancia. A los padres y al centro lo que nos importa es que aprendan disfrutando, nosotros los acompañamos en el proceso, no los espachurramos con libros, deberes y pruebas", explica, al tiempo que subraya que esta manera de aprender "más activa es la que mejor conecta con el futuro de los niños". "Hoy en día de nada sirve memorizar, lo tienes todo al alcance de un dedo, hay que enseñar a comprender, a organizar y a categorizar los miles de estímulos que recibimos", defiende, para recurrir a una metáfora culinaria: "Lo nuestro es la diferencia entre comer puré bien machacadito y poder elegir en un bufé libre". 

Otro aspecto importante es que "la autoridad no es del docente, sino compartida, los alumnos tienen voz y voto", sostiene la directora, que se vanagloria de que sus alumnos son muy deseados en los institutos porque "son despiertos, activos, tienen capacidad de liderazgo, tiran de grupo...". También es fundamental que no hay exámenes. "Para evaluarlos, valoramos sobre todo el día a día, la actitud, los trabajos, los proyectos... y hacemos pruebas de vez en cuando pero no son exámenes para calificarlos sino para ver qué han aprendido", detalla. También es una rara avis en otro punto: no un colegio bilingüe.

La Navata no es un recién llegado a esta "moda" de los proyectos, muy en boga en los últimos años pero que es "del siglo pasado", sino que nació así hace 23 años, por lo que fue pionero en España. "La LOGSE permitía que un grupo de maestros se juntara, creara un proyecto con sus bases teóricas y filosóficas y, si era aprobado, se les hacía un colegio ad hoc", recuerda con nostalgia, para añadir que de 60 alumnos que tuvo en su nacimiento han pasado a 460 en la actualidad en dos líneas por curso de tres a 12 años. En la parte negativa, la directora señala que no tienen inmigrantes y se fustigan por ello. "Solo tenemos un 7%, es demasiado poco, nos gustaría tener más diversidad. A dos kilómetros del cole, la realidad es muy diferente", reconoce.

Un día en La Navata

Si finalmente los hijos de Pablo Iglesias e Irene Montero piden plaza en La Navata y son admitidos, se van a encontrar con una realidad muy diferente a la de la mayoría de los niños de tres años, que tienen el doble de libros que de edad y cuyos padres apenas van al colegio a una tutoría al trimestre.

Para empezar, los padres "pueden acompañar a los niños a las 9.00 y entrar a clase, te cuentan cómo han pasado la noche, les ayudan a colgar los abrigos y se van tranquilamente". Los niños, en lugar de fichas y más fichas, se encuentran con "una propuesta por rincones". Pueden elegir entre la zona artística, la de construcciones, la lógico-matemática con puzles y material Montessori, el rincón del juego simbólico, que "es una casita que según el proyecto se transforma en una nave espacial, en una cueva o en un castillo", la zona del proyecto, donde se expone todo el material que van elaborando, y la mesita Waldorf con los objetos típicos de cada estación del año.

Tras los rincones, se reúnen en asamblea para "contarse cómo están y hablar de posibles problemas" y tomar el almuerzo juntos. Nada de bollos ni de zumos, siempre fruta. "Todos los niños son los fruteros una vez al mes y llevan para todos. Así se habitúan a tomar fruta, a probar nuevos sabores, a pensar en el otro y a compartir", aclara. No hay horarios rígidos, sino que los pequeños "juegan, recogen, se charla, se toman la fruta, salen al patio, comen sobre las 12.30, se echan la siesta, se les lee un cuento y a casa" a las 16.00.

En el comedor, hay cocina propia y el centro, parte de la red de ecoescuelas, dispone de un huerto. Dos veces por semana y divididos en dos grupos, tienen psicomotricidad, "pero sin dirigir" sino "vivenciada" o Aucouturier. Lo llaman "la sala divertida" y es un "espacio libre de juego y de expresión física".

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