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PSOE: contra el pánico de las encuestas, ‘conspiranoia’

El Partido Socialista no tiene un problema, sino dos: los datos de los sondeos, y la falta de autocrítica ante esos sondeos

El secretario general del PSOE, Pedro Sánchez, durante unas declaraciones a los medios en Segovia. En vídeo, declaraciones de José Luis Ábalos, secretario de organización del PSOE.

La sacudida sísmica por el sondeo de Metroscopia para EL PAÍS, que coloca a los nuevos partidos por delante del viejo bipartidismo, y al PSOE ya cuarta fuerza, ha desatado réplicas furiosas en las redes. Tanto temblor probablemente quedaría registrado en los sismógrafos del Instituto Geográfico Nacional. Aunque algunos apenas disimulan su deseo poco democrático de aspirar a un diario orgánico, la mayoría sencillamente se ha abonado a la teoría de la conspiración contra el PSOE, dictada por el IBEX 35 y toda la faramalla habitual de la trama. Por supuesto, ninguna autocrítica.

El PSOE no tiene un problema, sino dos: los datos de los sondeos, y la falta de autocrítica ante esos sondeos. Incluso aceptando la hipótesis de errores técnicos de cocina, ¿no hay ninguna autocrítica sobre la estrategia del partido? ¿Todo es una conspiración? ¿Nadie va a empezar una frase diciendo “hay que pensar que algo estaremos haciendo mal”? Entretanto, el análisis queda para los expertos en sociometría, no para cualquier tuitero iracundo; y la tendencia es clara desde hace meses. Kiko Llaneras, uno de esos expertos, escribía en abril El lento descenso del PSOE sobre esa línea sostenida. Y eso debería preocupar en Ferraz antes que seguir gimoteando –como decía MacArthur, el legendario jefe de las fuerzas aliadas en el Pacífico– que “el mundo está en constante conspiración contra los valientes”.

Tras gobernar más de la mitad del tiempo desde la transición a la democracia, ¿de verdad alguien teme la alternativa del PSOE? Eso parece ridículo. De hecho, nadie, o casi nadie, querría un PSOE desplomado. Tienen, como el PP, un problema de fidelidad. Quizá una hipótesis sea si cierto giro a un pseudopodemismo no está empezando a favorecer a la versión genuina. Aquello de El péndulo de Foucault: cuantas más conspiraciones atribuyes para justificar tu desubicación, más te dejas seducir por ellas hasta ser tu propio modelo. El PSOE ha olvidado el discurso crítico y empieza a instalarse en el discurso victimista de ser una gran alternativa temida y boicoteada. Realmente después de gobernar en seis legislaturas, el partido con más años de liderazgo en el sistema, suena chusco.

El descontento demoscópico forma parte, con diversas letanías, del paisaje de las democracias (el secretario de Estudios y Programas del PSOE ha llegado a calificar las encuestas de “brujería”), pero llevar eso al discurso victimista conspiranoico resulta temerariamente pueril... A decir verdad, cualquiera habrá oído repetidamente –por mi parte, valga la ironía, a menudo en EL PAÍS– que “el PSOE es un partido necesario para España”. Además de la afinidad sentimental, es difícil pensar en un arco parlamentario sin partido socialdemócrata. Pero ¿realmente es necesario? O dicho de otro modo: visto lo visto en Francia en las últimas elecciones, o en Italia, ¿hay algo que impida el colapso del PSOE?

De momento tienen datos importantes en que pensar: han perdido el liderazgo de la oposición, en cuya tarea obtienen un suspenso de la ciudadanía, e incluso han perdido mucho protagonismo, y su líder se desgasta más rápido que las siglas… peleando con Ciudadanos. Un buen análisis debería motivar la reacción del PSOE antes de que sea tarde, no el victimismo de supuestas conspiraciones mediático-financieras.

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