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Llega el festival suizo que no pueden pagar ni los suizos

El Montreux Jazz Festival calienta motores con una avalancha de grupos musicales

El cantante belga Tamino durante la presentación de la 52ª edición del Festival de Jazz de Montreux.
El cantante belga Tamino durante la presentación de la 52ª edición del Festival de Jazz de Montreux. EFE

Por estas fechas es ya casi una tradición suiza desvelar la cartelera del Montreux Jazz Festival. Este evento es una de las principales atracciones internacionales de la nación alpina, y los helvetas esperan con curiosidad e interés la lista de músicos que tocarán a orillas del lago Leman a partir del 29 de junio. Aunque dados los precios que quitan el hipo, a menudo el interés queda en solo eso: interés. Ya que ni los suizos pueden permitirse pagar entradas que a menudo superan los 300 euros por barba para las mejores localidades.

Fundado en 1967 por Claude Nobs (“el hombre que más hizo por la proyección internacional de Suiza”, según sus compatriotas), esta cita musical fue durante sus décadas de gloria una referencia planetaria indiscutida, aunque la feroz competencia veraniega hace cada año más difícil mantener su posición. Para seguir atrayendo, público, medios y patrocinadores privados (sobre todo esto último, dado un presupuesto cercano a los 30 millones de euros) Montreux presenta a Jamiroquai, Nick Cave, Gilberto Gil, Iggy Pop, Paolo Conte, Van Morrison, Charlotte Gainsbourg, Massive Attack, o los incombustibles Deep Purple, entre muchos otros. Aunque la gran sorpresa será la presencia del actor Johnny Depp, quien subirá al escenario del auditorio Stravinski junto a Alice Cooper y Joe Perry, cantante de Aerosmith, dentro del sorprendente proyecto Hollywood Vampires. Desde luego, una velada que promete al menos diversión.

Pero el encanto de Montreux va más allá de la cartelera. Situado en un paisaje de gran belleza, el festival propone también entretenimientos y conciertos gratuitos para toda la familia. O algo inhabitual en la serena Suiza: fiesta hasta altas horas de la madrugada. Otra característica inusual es la cercanía con los artistas, algo muy propio de Suiza, país poco dado a la histeria o a perseguir famosos. Es así que uno puede desde compartir una charla y cerveza con Suzanne Vega, hasta tomar el sol al lado de Roman Polanski, comentar el concierto de la víspera con Herbie Hancock, cruzarse por la calle a un relajado Neil Young.

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