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El espejismo

La hipotética república que nos propone el proceso soberanista se fundamenta en falsas expectativas de trabajo para todos, mejor atención sanitaria y mayor nivel económico en un país sin corrupción política. No me cuadra si se tienen en cuenta los antecedentes de los promotores de la aventura secesionista que, por cierto, no nos acaban de explicar cómo se puede lograr tanta excelencia partiendo de la deslealtad constitucional, sin el imprescindible consenso ciudadano y rompiendo los compromisos con los acuerdos de la gran comunidad internacional. Desde la culminación de ese delirio de grandeza con ínfulas supremacistas, pocas garantías nos ofrece el paraíso que nos quieren vender cuando su pretendida legitimidad parte de un juego de astucias para burlar las leyes en las que se basa el Estado de derecho, constituido en su momento con una amplia voluntad social, rechazada ahora por unos políticos irresponsables que han causado una inmensa herida de muy difícil cicatrización.— Jordi S. Berenguer. Barcelona.

 

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