Columna
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Del G-5 a los novios de la muerte

Este fin de semana en Sevilla habrá que estar atentos a los codazos para salir bien colocado en la foto del PP

Rajoy y Feijóo.
Rajoy y Feijóo.Salvador Sas / EFE

En verano era apenas un susurro, pero con el paso del tiempo ha ido ganando en intensidad y con la llegada de la primavera los distintos aspirantes a suceder a Mariano Rajoy al frente del PP han dado pasos al frente. Unos más discretos que otros; en algún caso para mostrarse dispuesto, en otros para bloquear el movimiento del rival. A tres días del inicio de la Convención Nacional del partido en Sevilla, los posibles delfines ya dan algunos saltos fuera del agua.

 Es una vieja historia que se repite cíclicamente y cae en el olvido cuando los candidatos comprenden que el líder no piensa marcharse todavía. En la anterior legislatura, fue muy sonada la creación del llamado G-5 (Ana Pastor, Miguel Arias Cañete, José Manuel García Margallo, Jorge Fernández Díaz y José Manuel), fundado para contrarrestar el poder de la vicepresidenta, Soraya Sáenz de Santamaría. No acabó muy bien.

Y esta semana, María Dolores de Cospedal ha montado su propio grupo de novios de la muerte (Rafael Catalá, Juan Ignacio Zoido e Iñigo Méndez de Vigo), con los que ha entonado el himno de la Legión en las procesiones de Málaga mientras las banderas ondeaban a media asta en los cuarteles por la muerte de Cristo (¿en qué país vivimos?). Además de decir bien alto “aquí estamos”, no está muy claro cuál es el objetivo último de este grupo de ministros militarizados.

El caso de Alberto Núñez Feijóo es diferente. Lleva todo el otoño y el invierno haciendo incursiones en Madrid o posando junto al presidente del Gobierno siempre que puede, como diciendo “aquí estoy por lo que pueda pasar”. Pero cuando se le pregunta no solo dice que no piensa dar un paso al frente mientras Rajoy no anuncie su retirada, sino que añade que no es el momento de dar la cara. Probablemnte sepa que el líder del PP es mucho más killer de lo que parece y entre gallegos es mejor no provocar.

La vicepresidenta tiene una estrategia muy diferente. Prefiere manjear los hilos desde el proscenio de su despacho en La Moncloa y negar siempre sus posibles intenciones de suceder al presidente. Su gestión del referéndum catalán la ha dejado un poco tocada (detalle que ha sido aprovechado por Cospedal), pero Soraya Sáenz de Santamaría nunca se pone nerviosa y sabe que quien empiece a esprintar antes de tiempo corre el riesgo de desfondarse antes de llegar a meta.

De las otras dos posibles candidatas, Cristina Cifuentes y Ana Pastor, la primera ha perdido todas sus posibilidades con el affaire de su master, y la segunda, más gallega que el propio Rajoy, sigue sin hacer un gesto que la pueda delatar.

Este fin de semana en Sevilla habrá que estar atentos a los movimientos de unos y otros, a los codazos para salir bien colocado en la foto y de los gestos del presidente con sus colaboradores. “Me hice novio de la muerte, la estreché con brazo fuerte y su amor fue mi bandera”, como cantaban los ministros en Málaga.

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