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Cinco motivos a favor (y uno en contra) por los que ‘Fama a bailar’ es el mejor 'talent show'

Tras siete años de descanso el programa ha vuelto renovado, con más presupuesto que nunca y con un casting con un nivel de aúpa

Como Operación Triunfo demostró hace unos meses, nunca está de más dejar descansar un formato televisivo con tal de que éste vuelva a la parrilla con la fuerza de un ciclón. En 2011 la academia de alto rendimiento de Fama, ¡a bailar! echó el cierre en Cuatro y han tenido que pasar siete años para que el programa volviera renovado, esta vez en exclusiva para Movistar+. Y, sin duda, la espera ha valido la pena. Desde ya puede decirse que se trata del talent más competitivo que jamás se ha retransmitido en nuestra televisión. Crea mucha adicción, y lo mejor es que esto no ha hecho más que empezar. Estos son sus puntos fuertes, aunque también hay uno que podría mejorarse notablemente.

Cinco motivos a favor (y uno en contra) por los que ‘Fama a bailar’ es el mejor 'talent show'

El nivel de los concursantes es apabullante

Quienes eran adictos al programa años ha saben que el casting del programa, cuando se emitía en Cuatro, siempre contaba con algún concursante que desentonaba técnicamente o bien no estaba a la altura del resto de sus compañeros. Ahí estaba el célebre Marcos, que toreó estupendamente las críticas de sus compañeros y aguantó mucho más de lo que la mayoría imaginaba. Pero en esta edición de 2018 las tornas han cambiado radicalmente: los 18 concursantes tienen un nivel excelente y resulta casi imposible decantarse por uno u otro. Elevando la exigencia de esta manera (esto se lo debemos a un excelente trabajo de casting), cualquier mínimo error, por ínfimo que sea, puede ponerles en la palestra de las nominaciones. ¿Alguien dudaba del poderío de baile que hay en nuestro país?

La dinámica del programa siempre da lugar a sorpresas

La competencia es tal que un día puedes ser elogiado por los profesores y, en apenas 24 horas, la audiencia puede mandarte de patitas a la calle. Con dos expulsados por semana la dinámica del show es igual de exigente que impredecible. Por mucho que uno tenga sus favoritos nunca se sabe qué van a votar los espectadores, así que lo mejor que puede hacerse es no vivir el programa con intensidad fan, por cuestiones de salud, porque no deja de ser una montaña rusa emocional de domingo a jueves, los días que hay gala. Aparte, los jueves entra una nueva pareja en acción, por lo que todo sucede tan rápido que da hasta vértigo. Tenemos entretenimiento ininterrumpido para unos cuantos meses.

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Paula Vázquez y los nuevos profesores son un valor añadido

Echábamos de menos a Paula Vázquez, una profesional de los pies a la cabeza. De modo que su vuelta al programa es todo un regalo para los fans porque pocas como ella pueden llevar una gala con tal naturalidad y sin perder su sonrisa tatuada en la cara. Del antiguo Fama no ha permanecido ningún profesor, pero eso no ha provocado que echemos de menos, por ejemplo, a Rafa Méndez y sus innumerables frases lapidarias. De Igor Yebra, el director de la academia esta edición, poco se puede decir porque pasa más tiempo en Montevideo dirigiendo al Ballet Nacional de Uruguay que en Madrid. Pero al resto de profesores de la escuela no se les puede poner ninguna pega, más bien al contrario: Iker Karrera se postula como el mejor amigo-amante-pareja-yerno del año; Raymond Naval está dignificando el spanglish como pocos; Ruth Prim tiene un flow incuestionable y desprende el mismo buen rollo que Sergio Alcover, y la pareja artística formada por Carla Cervantes y Sandra Egido luce una sensibilidad artística pocas veces vistas en la televisión. Los estilos de baile ya no están tan definidos como antes (esta vez la danza contemporánea tiene más valor que nunca), pero ver a los concursantes y los profesores en acción es toda una delicia para la vista.

Se ha mimado la producción y la música como nunca

Los tiempos cambian, y el formato visualmente se ha modernizado tanto que lo que hace unos años veíamos en Cuatro parece del siglo pasado. El travelling con el que cada noche Paula Vázquez irrumpe en plató ya es una marca propia del programa. Y se nota que esta vez el presupuesto se ha elevado considerablemente porque se ha pasado de un decorado a una imponente escuela ubicada en la antigua fábrica de jabones GAL de Alcalá de Henares. La selección musical, a su vez, también se ha visto reforzada. La sintonía a cargo de Delaporte, Un Jardín, es un temazo incuestionable. Pero a lo largo de estos días se han podido escuchar canciones de Bishop Briggs, Christine and The Queens, Hozier o FKA Twigs, por citar sólo algunas. Seguro que muchos desde casa están a tope con el Shazam, lo cual siempre es buena señal.

La fórmula ‘OT’ es el modelo a seguir

Si algo demostró OT en 2017 es que los más jóvenes pasan olímpicamente de la televisión y visualizan aquello que más les interesa de un programa concreto a través de Youtube. Fama cuenta con un 24 horas en YouTube (así como un canal especial en Movistar+) en el que todo aquel que quiera puede seguir de cerca las clases y los ensayos de los concursantes. De este modo los contenidos pueden viralizarse de inmediato, aunque aquí es donde encontramos la mayor y única tara del show. 

En contra… ¿más allá de Twitter con quién se puede discutir sobre el show?

Sí, en Youtube cualquiera puede ver el día a día dentro de la escuela, pero por cuestiones de exclusividad las galas y los bailes de los concursantes únicamente pueden ser disfrutados por los abonados a Movistar+. Se puede entender que los programas completos no estén al alcance de todos, pero tratándose de un talent de baile lo mínimo que se podría pedir es que las coreografías se colgasen completas de inmediato en YouTube. Los índices de audiencia como tal aquí no son relevantes (cuando se emitía en Cuatro sí que había más presión al respecto, obviamente), por lo que podría decirse que esta nueva temporada del programa es toda una delicatesen televisiva. Para discutir sobre todo lo que pasa siempre quedará Twitter, porque los que ya estamos enganchadísimos no podemos debatir en los bares con los amigos, como sí ocurría con OT, al no ser una propuesta tan masiva. Al menos, de momento.

 

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