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‘Dieselpluf’: otra vez engañados

Es indiscutible que a los que mandan ya no les gusta el diésel, así que en poco tiempo serán los apestados de la carretera. Y los que somos propietarios de un diésel, que un día compramos convencidos de sus bondades, no nos queda más remedio ahora que prepararnos para el aluvión de problemas que preveo nos van a llegar: restricciones de circulación; precios más elevados en la ITV, y un valor de nuestro vehículo igual a cero, o con suerte, el de la ayuda que el Gobierno quiera dar por reemplazar nuestro tóxico coche. Y claro, ante esto, dudo que nuestros dirigentes hayan descubierto ahora lo malos y tóxicos que eran los coches diésel que ayer eran la estrella de todos los concesionarios.

Quizás, pero solo quizás, lo correcto hubiera sido vigilar aquel auge de este tipo de vehículos para evitar que hoy muchos ciudadanos se vean atrapados en una mala inversión, que además les va a suponer restricciones a la circulación y que les obligará, con casi total seguridad, a reemplazar mucho antes de lo que desearían su coche.

En definitiva, un nuevo pluf que nos toca soportar —o mejor dicho, financiar— a los ciudadanos, que para eso estamos, ¿verdad?— Jesús Latorre. Madrid.

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