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Madres e hijas

Envejecer es acabar como los indios, expulsados por los lozanos colonos de lo que fue tu espacio y territorio

casey jane ellison
Pamela Adlon, creadora de la serie ‘Better things’, se hace un selfi con sus tres hijas en la ficción. La realidad siempre es otra cosa.

En Madres e Hijas, o MAD, la humorista y artista multimedia estadounidense Casey Jane Ellison expone su particular solución al embrollo existencial de nuestro tiempo. Se trata de volver a la primera llamada de socorro. Exacto: “¡Mamá!”. Tal vez no pega esta reflexión maternofilial en una revista masculina, pero me van a disculpar, ando obsesionada con las paradojas de esa palabra de dos sílabas inaugural en el lenguaje humano. ¿Cómo pueden entenderse dos personas si una de ellas es la responsable del nacimiento de la otra? ¿Por qué nos han inculcado que la relación madre e hija es por naturaleza conflictiva? ¿Por qué se pretende reducir el poder de la maternidad a una cuestión biológica? ¿A qué vienen ahora tantos blogs dedicados a la crianza? ¿Acaso todo se reduce al latoso debate sobre la prolongación de la lactancia?

"¿Por qué nos han inculcado que la relación madre e hija es por naturaleza conflictiva? ¿A qué vienen ahora tantos blogs dedicados a la crianza? ¿Acaso todo se reduce al latoso debate sobre la prolongación de la lactancia?"

Ellison lanza algunas de estas preguntas y de esa tensión nace su serie, creada para el canal del colectivo Dis.art y estrenada en La Casa Encendida de Madrid, donde se proyecta hasta el mes de mayo. El vídeo inaugural alcanza su clímax con la entrevista que la artista realiza a su propia madre, una atractiva abogada que no parece temer ni al nuevo feminismo de su hija ni a su batería de preguntas y comentarios impertinentes. “Madres, no podemos vivir con ellas y, literalmente, no podemos vivir sin ellas”. “No quieres ser ella, pero probablemente lo serás”. “La tienes ahí, y estás obsesionada con ella”. “Te quiere dejar volar pero le aterra que seas libre. Ella también quiere ser libre. Os pegáis por esa libertad”. La madre, con una mirada más propia de Clint Eastwood que de una loba que amamanta a sus cachorros, lanza un lacónico: “Mi único miedo es cometer un error. Tú eres mi creación”.

Sobre el terror de ese poder y sobre el pulso que se disputan madres e hijas por los límites de la libertad de cada una, hablan al menos dos de las mejores películas de esta temporada de premios, Lady Bird y The Florida Project. Mientras en el caso de la desoladora historia de Sean Baker la maternidad se presenta como un acto de amor tan puro como irresponsable, Greta Gerwig y Casey Jane Ellison coinciden en lo mismo: creces el día que reconoces a la mujer que te dio el nombre.

A ese conflicto había apuntado antes la impagable serie de HBO Better things, en la que Pamela Adlon, actriz cincuentona hija del sistema de Hollywood, desentraña la madeja de su vida, en la que nada pesa tanto como la relación con sus tres hijas y su madre. Solo por las peleas entre esta mujer menuda, sexi y enérgica con su primogénita merece la pena ver una serie que todas deberíamos poner como deberes y en la que Adlon describe con humor y brillante sabiduría qué es envejecer: acabar como los indios, expulsados por los lozanos colonos de lo que fue tu espacio y territorio.

La identidad femenina como tragedia contemporánea no es nada nuevo. Ahí está Pedro Almodóvar, que ha dedicado buena parte de su filmografía al asunto y que en su última película ya destripaba el conflicto madre-hija desde el lado de la madre abandonada. Lo novedoso es que cada vez son más las mujeres que admiten que en la búsqueda de esa identidad en la que parece que nos hemos embarcado, y pese a las batallas generacionales que se libran dentro del propio feminismo, hemos descubierto que lo más urgente es una llamada al principio de todo.

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