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EP Global BLOGS Coordinado por JORGE RODRÍGUEZ

Un libro recoge las 10 horas de agonía del león ‘Cecil’ antes de morir de un flechazo

El biólogo Andrew Loveridge, que estudió al animal durante 11 años, entrevista a las personas involucradas en la muerte del felino

El león Cecil, cazado en julio por un dentista estadounidense en Zimbabue en una foto de archivo.
El león Cecil, cazado en julio por un dentista estadounidense en Zimbabue en una foto de archivo.

"El gran felino olfateó el claro. La atracción de la carne de elefante se antepuso a la precaución del león y se acercó al cadáver. Se dispuso a comer, desgarrando la carne dura y seca con los dientes afilados como tijeras. Se alimentó durante unos minutos, ajeno a que el cazador estaba tensando su arco". Con estas líneas, el investigador Andrew Loveridge describe en el libro Lion Hearted. The life and death of Cecil and the future of África's iconic cats (Corazón de león. Vida y muerte de Cecil y el futuro de los icónicos gatos de Áfricalos momentos previos a que el león Cecil recibiese un flechazo en 2015 disparado por Walter Palmer, un dentista estadounidense que pagó 50.000 dólares para cazar al león. Loveridge, que pasó 11 años investigando a Cecil, publica el primer relato detallado de las últimas 10 horas de agonía que sufrió el famoso felino de 13 años apodado como "El Mufasa del siglo XXI".

La muerte de Cecil dio la vuelta al mundo hace tres años. La indignación sobre esta caza furtiva llenó algunas páginas de muchos diarios y varios países prohibieron las importaciones de trofeos de caza de león. Algunas de las circunstancias que rodearon la cacería de Cecil continúan sin ser resueltas. El médico de Minnesota de 55 años que lo mató fue absuelto por el Gobierno de Zimbabue. "Palmer llegó con sus papeles en orden", declaró en 2015 la ministra de Medio Ambiente del país africano, Oppah Muchinguri.

Palmer, que pidió disculpas y alegó que desconocía que Cecil fuera un icono del parque, viajó a África para cazar un león en Gwaai Conservancy, un refugio silvestre que bordea el parque nacional. Las personas que contrató para encontrar al león atrajeron a Cecil con carne de elefante. Después de matarlo, lo desollaron y le cortaron la cabeza para exponerla posteriormente como trofeo.

Portada del libro 'Lion Hearted' de Andrew Loveridge.
Portada del libro 'Lion Hearted' de Andrew Loveridge.

"Cornelius [nombre del guía de caza que atrajo a Cecil] recordó haber oído al animal luchando por respirar. La flecha había alcanzado los órganos vitales y las arterias, lo que le provocó [a Cecil] la pérdida de sangre y una muerte relativamente rápida", relata Loveridge en un extracto publicado por National Geographic.

El investigador es miembro del equipo de conservación WildCRU de la Universidad de Oxford y estudia grandes felinos en el área de Hwange con el objetivo de comprender mejor las complejidades de las sociedades de los leones. El biólogo explica que 42 de los felinos con los que ha trabajado desde que comenzó la investigación en 1999  han sido cazados como trofeos. En Lion Hearted, Loveridge recopila entrevistas que tuvo con las personas involucradas en la muerte de Cecil y un análisis de los datos de ubicación extraídos del collar GPS que el león llevaba puesto en el momento que fue abatido.

Tras la viralización del caso de Cecil, algunos medios estadounidenses descubrieron que Palmer disparó en 2008 con un arco a un oso negro en Wisconsin (EE UU), a unos 64 kilómetros fuera de la zona estipulada donde tenía permitido hacerlo. "Lo que encuentro más difícil de todo esto es la aparente insensibilidad con la que los cazadores abordaron la cacería. La preocupación por el dolor y el sufrimiento del animal no parece que fueran tomados en consideración", opina el biólogo.

"Recuerdo claramente la última vez que vi a Cecil. Era mayo de 2015. Mi colega Jane Hunt y yo lo habíamos rastreado a través de la señal de su collar. Lo seguimos a corta distancia antes de que se desplomara sobre la carretera. Desde el matorral, las aves de corral cacareaban mientras yacía tranquilamente olfateando la brisa de la tarde. Nos sentamos en el Land Cruiser a unos pocos metros de distancia, tomando fotografías. Él no podría haber estado menos preocupado por nuestra presencia", recuerda Loveridge en su libro.

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