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Ídolos de la generación Z

Dulceida, Jon Kortajarena y Laura Escanes, prescriptores de los veinteañeros

Aida Domenech, Jon Kortajarena y Laura Escanes.
Aida Domenech, Jon Kortajarena y Laura Escanes. GETTY

David Bowie, los Rolling Stones y Diego Armando Maradona fueron algunos de personajes admirados por la generación X (los nacidos entre 1961 y 1981). Con la llegada de los millennials, los cantantes y los futbolistas dejaron de ser los más venerados y a ellos se sumaron personas aparentemente corrientes que vendían su estilo de vida en las redes sociales. Ahora con la irrupción de la generación Z —los nacidos a partir de 1994— los nuevos famosos digitales tienen que reinventarse.

Aida Domenech Dulceida, con 2,2 millones de seguidores en Instagram; Paula Gonu y Jon Kortajarena, ambos con 1,6 millones, y Laura Escanes, con un millón, son los principales ídolos españoles de la generación que nació con un smartphone bajo el brazo, según la agencia de comunicación SamyRoad. Las pautas que funcionaban con los millennials, no acaban de calar entre los más jóvenes. “Para los Z es muy importante construir historias y que sus propuestas sean escuchadas”, cuenta Marta Nicolás, cofundadora de SamyRoad. De ahí que algunos de estos influencers, como por ejemplo Laura Escanes, acudan mucho a las encuestas de Instagram para tomar el pulso a su audiencia, a la que preguntan desde si deben o no ir al gimnasio, o cuál es el mejor papel pintado para su nuevo vestidor.

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Dulceida, la influencer por excelencia de esta generación, aúna las tres grandes cualidades que, según los expertos, debe tener un prescriptor para ser aceptado por la generación Z: naturalidad, espontaneidad y grandes dosis de realidad. ¿Cómo lo consigue? Publicando vídeos cortos en su Instagram donde muestra su día a día junto a su mujer, Alba Pau Fernández —780.000 seguidores—, sin importarle salir sin maquillar o en pijama. Oto Vans otro reconocido influencer —300.000 seguidores—, confiesa que parte de su repercusión la ha logrado contando su rutina diaria sin más aditivos que su transgresora imagen. “Yo no vendo un mundo ideal. Mis seguidores saben que tengo seis hermanos y que soy hijo de una pareja trabajadora. Es lo que cuento”.

La sinceridad es otro de los puntos que más buscan los Z. No importa lo que tengan que revelar siempre que se lo digan. Dos ejemplos de la repercusión que tiene contar la verdad han sido el que obtuvo la confesión de Laura Escanes cuando admitió haberse hecho un retoque estético en los labios para darles más volumen. Y el vídeo de YouTube en el que Dulceida reconoció que era homosexual, y que se convirtió rápidamente en el más visto de su canal.

Oto Vans también tiene su propia experiencia con los vídeos en los que se sincera con su audiencia. Su clip Mi primera vez, en el que narra a sus seguidores cómo fue su primera experiencia con el alcohol, las drogas y el sexo, fue todo un éxito en su perfil de YouTube. “Estas historias triunfan porque la gente se siente identificada contigo”, relata Vans.

Pero no solo de exponer su vida vive el influencer. Sus relaciones con otros personajes de las redes sociales también pueden suponer un punto de inflexión a la hora de captar nuevos seguidores. Este es el caso del modelo Jon Kortajarena quien, según explica Arantxa Pérez de la agencia Influgency, por edad se encuentra bastante alejado de la generación Z, pero ha conseguido captar más de un millón de jóvenes seguidores gracias a su relación virtual con La Vecina Rubia, que despierta pasiones con su humor ácido.

Los millennials aspiraban a ser como sus ídolos, los Z creen serlo imitando la vida corriente de los prescriptores que admiran. Un hecho que las marcas aprovechan a favor de su negocio y por el que pagan cifras asombrosas.