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Perdedores

Tenemos que elegir. La democracia va tanto de escoger ganadores como de definir quién va a salir perdiendo

Concentración de pensionistas, por unas pensiones dignas, ante el Ministerio de Hacienda.
Concentración de pensionistas, por unas pensiones dignas, ante el Ministerio de Hacienda.

Prácticamente cualquier política pública que se nos pueda ocurrir tiene ganadores y perdedores. Si, por ejemplo, subimos todas las pensiones, tendremos menos dinero para otros gastos. O, si decidimos financiarlas con más impuestos, entonces alguien tendrá que pagarlos y, por tanto, sus ingresos serán menores.

Esto, que puede parecer una obviedad, es algo que nos cuesta bastante asumir. Aunque cuando el CIS nos pregunta afirmamos (con algo de timidez, pero mayoritariamente) que sí estaríamos dispuestos a pagar más impuestos si mejorasen los servicios, en el debate público es una posición habitual la de afirmar que como los servicios son deficientes o mejorables, no queremos pagar por ellos hasta que no mejoren.

Es un dilema de compromiso razonable, más después de que hayamos comprobado que la corrupción es un problema estructural en España. Sin embargo, este argumento también encierra una trampa, o un espejismo: aunque tuviésemos las instituciones más eficientes y los procesos más limpios del mundo, ello no bastaría para cubrir todo aquello que demanda cada grupo social. Ni en las estimaciones más optimistas (que son eso: optimistas) alcanza para subir pensiones, mejorar el seguro de desempleo, pagar una red de escuelas infantiles, subvencionar pymes.

Tenemos que elegir. La democracia va tanto de escoger ganadores como de definir quién va a salir perdiendo. Y lo que es innegable es que en la España de la última década (y más) unos han perdido más a menudo que otros. No son los jubilados con pensiones contributivas, ni las clases medias, ni los hombres con contratos indefinidos, ni los empresarios (o “emprendedores”, me da igual). No. Son los jóvenes, los inmigrantes, las mujeres con contratos precarios, los que se retiraron sin apenas cotización, los hogares en riesgo de pobreza y exclusión.

Ahora debemos preguntarnos: aparte de terminar con la corrupción y los supuestos privilegios de la clase política, ¿qué más estaremos dispuestos a hacer cuando veamos que eso no basta? ¿Nos atreveremos, por una vez, a sustituir unos perdedores por otros? ¿O seguirán perdiendo los mismos? @jorgegalindo

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