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Sin Forges

Me encuentro en el medio siglo de edad y puedo decir que Forges me ha acompañado toda la vida. Se va quien me enseñó de niño a conocer este país con su Historia forgesporánea, que aún guardo. Se va Forges y quedo huérfano de dos elementos que hoy cotizan más caros que nunca: el humor y la inteligencia. Hasta siempre, maestro.— Antonio Pamos.


Un último Gracias, con mayúsculas, a Forges, cuyas viñetas tanto me ayudaron a lo largo de los ochenta y los noventa en mis clases de español a funcionarios europeos de la Comisión y del Consejo de la UE en Bruselas. A través de ellas pude dar, cada mañana, una visión muy acertada de lo que estaba pasando en España y, lo que es más difícil, a empezar la jornada con una sonrisa, a veces con una carcajada. Y, como mujer, otro enorme gracias a Forges por su tierno feminismo, por su ayuda.— Dolores Soler-Espiauba. Valencia.


Pienso... luego estorbo... me temo. Ese es el chiste original que tengo de Forges en mi estudio. Después una dedicatoria de agradecimiento que terminaba con un “¡Proclamo!”. Un tesoro de un genio del humor, gran humanista y filósofo. Seguro que ya está dibujando su próxima viñeta desde la otra dimensión para que no nos falte nunca una sonrisa, aunque caigan chuzos de punta.— César Reglero Campos. Roda de Berà (Tarragona).


Hoy me levanto con la noticia de que Forges se ha ido. No quiero acostumbrarme a abrir el diario y no encontrar su viñeta, de manera que les sugiero que no eliminen su recuadro, que lo llenen cada día con una de sus antiguas viñetas. El maestro no está, pero su trabajo sigue ahí, vigente después de décadas, y no merece ser olvidado.— Andrés Pozo Cueto. (Barcelona).


Cada mañana me arrancaba una sonrisa la viñeta de Forges, en un país donde las noticias suelen necesitar un poco de humor para asimilarlas. Cada día que pase le echaré de menos. Hoy todos somos un poco Blasillo o Mariano, esos personajes que nos retrataban exactamente. Sin bandera ninguna, pero los españoles más típicos y reales. Mi sentir hacia su familia. Descanse en paz.— Cesar Moya Villasante. Madrid.


Con el mar más embroncado que nunca, va y se nos apaga el faro. ¡Ay! ¿Qué va a ser de los náufragos de la democracia sin su salvavidas diario?— Robin Walker. Lieres (Asturias).

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