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Deseos feministas para 2018

El espíritu de la Marcha de las Mujeres, la fuerza del #MeToo, la implicación de los hombres y la lucha sin cuartel contra las plagas endógenas

La Marcha de las Mujeres 2018 en Chicago.
La Marcha de las Mujeres 2018 en Chicago. AFP

Si el pasado 2017, aún tan reciente, ha sido el año de la definitiva eclosión del feminismo, un punto de inflexión sin aparente retorno, ¿qué nos depara el 2018? Si por ejemplo los editores del diccionario más prestigioso de EE UU, el Merriam-Webster, han escogido feminismo como palabra del año; si en ese mismo país (el que mejor publicita su way of live) las mujeres han proclamando un no rotundo al machismo de su presidente; si miles de testimonios han roto el silencio de la violencia machista; si incluso se venden camisetas con lemas feministas y las redes andas llenas de denuncias contra la desigualdad y el abuso, ¿será 2018 el año de la ratificación del feminismo?

El futuro es siempre una incógnita, un territorio virgen en el que proyectamos nuestros más terribles miedos y nuestros más fecundos deseos. Es todo menos el fruto del azar, en él se proyecta la alianza de todas nuestras ambiciones. Invitando a cambiar el orden mundial, Noam Chomsky asegura en su libro Optimismo contra el desaliento (Penguin Random House, 2017) que para hacer un futuro mejor la estrategia ideal es el optimismo, pues sólo creyendo en un futuro mejor se tienen las fuerzas para convertirlo en realidad. Y como sabemos que no se recoge jamás lo que no se siembra, sembremos optimismo y recogeremos un año eminentemente feminista. Pero hagamos también otra cosa, diseñemos estrategias para que el cambio hacia un mundo feminista sea posible.

El pasado 21 de enero de 2018 tuvo lugar por segunda vez la Marcha de las Mujeres —primer aniversario de la anterior, que asombró al mundo con su poder de convocatoria y su capacidad irrigadora—. Si el año pasado la Women’s March dio en Washington el pistoletazo de salida de un mundo nuevo, donde el machismo y los machistas no tengan lugar, hagamos que durante el 2018 su espíritu aliente en todas y cada una de las acciones que se emprendan desde el feminismo. Convirtamos la Women’s March en el primer round de un feminismo práctico, efectivo, que centre sus esfuerzos en aniquilar los frentes enemigos de manera que estos sean destruidos en el menor plazo posible; un feminismo que no dilate su acción en debates estériles; y, sobre todo, un feminismo capaz de detectar con rapidez las infecciones endógenas que intentan desactivarlo desde su mismo corazón.

La Marcha de las Mujeres en Las Vegas, la ciudad central de este movimiento que nació a finales de 2016 y ya se ha extendido a todo el mundo ampliar foto
La Marcha de las Mujeres en Las Vegas, la ciudad central de este movimiento que nació a finales de 2016 y ya se ha extendido a todo el mundo AFP

Se habla del #Metoo como de una fuerza galvanizadora y la descripción es acertada. Es evidente que la violencia machista es la más grave de las lacras que se ciernen sobre las mujeres, y que el lugar que el derecho al voto ocupó en el feminismo sufragista, lo ocupa ahora una reivindicación colectiva que reza ”Si nos tocan a una, nos tocan a todas”: Basta de violencia contra las mujeres, ya se nos acabó la paciencia y no vamos a aguantar más. Aunque mientras el movimiento #MeToo sigue animando a las mujeres a denunciar los acosos sufridos, rompiendo el silencio y sin miedo a la estigmatización, las víctimas por violencia de género siguen cayendo como en un tablero de ajedrez. El #MeToo debería ser la punta de lanza de un movimiento mucho más global y poliédrico.

A la coctelera de las reivindicaciones feministas le queda mucho aún por agitar, pero nos hallamos ya en un nuevo paradigma, mucho más favorable a los objetivos del feminismo y, por extensión, de la igualdad de género. Yo llamo a este nuevo paradigma “sororidad digital”, que es la que realmente ha roto el techo de cristal de la invisibilidad en base a unas redes de apoyo generadoras de autoestima y confianza. Hoy son ya muchas más que antes las mujeres que se atreven a alzar la voz, poniendo negro sobre blanco las agresiones y las discriminaciones que sufren, en redes como Twitter o Facebook, Instagram o Snapchat.

El actor Benedict Cumberbatch.
El actor Benedict Cumberbatch.

Pero si sabemos que levantar la voz cuesta, lo que más cuesta es mantenerla. Ya hemos levantado la voz colectivamente y el feminismo tiene ahora un alcance mucho mayor que hace apenas un año. ¿Seremos capaces de mantener esa voz colectiva, alta y clara, de hacerla llegar a donde no ha llegado aún? En ese proceso de expandir la voz, los hombres cómplices de la lucha por la igualdad son un elemento esencial: ¿se engancharan al feminismo colectivamente durante este 2018 o permanecerán renuentes, como han hecho siempre, fingiendo que la ambición por la igualdad de género es cosa de mujeres y no va con ellos? Me pregunto si serán capaces de estar a la altura de las circunstancias que el nuevo reto plantea. Si los hombres cómplices entran al trapo, si contribuyen a ese STOP colectivo de las mujeres, iremos bien. Por el contrario, si juegan a rehuir su parte de responsabilidad de nada servirá la lucha sin cuartel y el patriarcado, aunque debilitado, seguirá llevando las riendas. El año 2018 lo definirá pues, en una parte importante, la actitud de los hombres con respecto a su inclusión en este club que no es de acceso exclusivo para socias, aunque muchos de ellos aún lo crean.

Resumiendo: la Women’s March como espíritu de esta nueva ola feminista —la cuarta ola ya— protagonizada por el ciberactivismo y la “sororidad digital” y el #MeToo como la punta de lanza de esta nueva etapa. Y en la estrategia a diseñar, dos líneas de trabajo que son ejes sin los cuales el feminismo no avanzará: la implicación de los hombres —no desde la complicidad sino desde la convicción—, y la lucha sin cuartel contra las plagas endógenas (léase acusaciones de puritanismo de mujeres como Deneuve & cia y otras guerras de guerrillas aún por llegar). Estos son mis deseos feministas para el 2018. Y como el futuro comienza hoy, y no mañana, habrá que ponerse manos a la obra ya.

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