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Gripe 18

El “más vale prevenir” es una postura arriesgada para las autoridades sanitarias. Pero mirar hacia otro lado puede resultarlo aún más

El Congreso de los Estados Unidos está a punto de aprobar enormes recortes de impuestos tanto en la Cámara como en el Senado.  Washington, DC.
El Congreso de los Estados Unidos está a punto de aprobar enormes recortes de impuestos tanto en la Cámara como en el Senado. Washington, DC.

Lo fácil sería titular esta columna: “Trump promueve la investigación en virus letales”. Llegaría al número uno en cuestión de minutos, y ni siquiera sería exactamente mentira, ni posverdad. Lo cierto es que la Casa Blanca ha levantado una moratoria sobre investigación en virus de alto riesgo pandémico que había impuesto hace tres años su anterior inquilino, Barack Obama. Pero ni la moratoria estaba libre de polémica, ni las investigaciones que detuvo eran obra de científicos malignos con oscuros propósitos destructivos. Se trataba de modificar ciertos virus aviares muy letales para dotarles de una alta capacidad de contagio en humanos —lo que suena espantoso, en efecto—, pero con el objetivo de aprender qué mutaciones son esenciales para ello, y estar así prevenidos cuando ocurran en la naturaleza. Estos estudios volverán ahora a la vida, después de tres años de letargo.

Entre los centenarios que se celebrarán en este 2018 recién salido del cascarón destaca, por cierto, el de la gripe española de 1918, que causó el doble de muertos que la Primera Guerra que terminaba justo entonces. El virus que la provocó fue un regalo de las aves, precisamente, y unas pocas mutaciones lo convirtió en el mayor matarife de la historia. En el siglo XX hubo otras dos pandemias similares, también de origen aviar, aunque con unas mortalidades mucho más modestas. Esto eriza el cabello de los virólogos, por más que la OMS haya recibido críticas generalizadas por las alarmas mundiales que ha causado en el siglo XXI, que se demostraron injustificadas. El “más vale prevenir” es una postura arriesgada para las autoridades sanitarias. Pero mirar hacia otro lado puede resultarlo aún más, como es obvio. En el centenario de la (mal llamada) gripe española volveremos a oír y leer todos estos argumentos.

Los virus de la gripe son el verdadero terror de un epidemiólogo, por su enorme capacidad de contagio. Para infectarse con el ébola hay que entrar en contacto directo con los fluidos corporales de un portador. Pero si un enfermo de gripe estornuda en el metro, lo más fácil es que contagie a medio vagón antes de llegar a la siguiente estación. La gripe suele ser una enfermedad banal, por fortuna, pero la crisis de 1918 demuestra que unas pocas mutaciones pueden convertirla en un horror.

Es muy improbable que los 50 millones de muertos de 1918 se vuelvan a repetir. La Gran Guerra, con sus traslados masivos de tropas por todo el planeta, fue el caldo de cultivo ideal para el virus. Pero solo la investigación nos hará seguros. Esta vez yo estoy con Trump.

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