Columna
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Nahuel

Hasta el 18 de octubre clamábamos por el cuerpo de uno. Ahora otorgamos, silentes, licencia para matar

Un activista mapuche muestra la foto de Rafael Nahuel en Bariloche, Buenos Aires, Argentina.
Un activista mapuche muestra la foto de Rafael Nahuel en Bariloche, Buenos Aires, Argentina. MARTIN ACOSTA / REUTERS

La gente cambia. Lo raro es que cambie tanto, tan rápido. El 1 de agosto Santiago Maldonado acompañaba la protesta de mapuches que cortaban una ruta en la Patagonia argentina. La Gendarmería los desalojó y desde ese momento él estuvo desaparecido. Hubo marchas multitudinarias bajo la consigna ¿Dónde está Santiago Maldonado? Su cuerpo apareció en el río Chubut el 18 de octubre. El gobierno expresó "alivio" porque no presentaba rastros de violencia, pero Maldonado no sabía nadar y yo sigo preguntándome por qué alguien así se arroja a un río: huyendo de qué. El 25 de noviembre, mientras la familia velaba su cuerpo, la Prefectura desalojó a otra comunidad mapuche que ocupaba tierras en la Patagonia, y Rafael Nahuel, mapuche de 22 años, terminó muerto. Una bala lo atravesó desde el glúteo hasta el tórax: lo balearon por la espalda. La ministra de Seguridad dijo que los mapuches habían atacado con armas de grueso calibre y que la Prefectura había realizado "una acción legal y legítima". El ministro de Justicia y Derechos Humanos, que "la violencia debe ser repudiada por todos y el Estado debe ejercer su rol". La vicepresidenta de la Nación, que "el beneficio de la duda siempre lo tienen que tener las fuerzas de seguridad". El jueves pasado se inspeccionó la zona donde lo mataron. Sólo se encontraron vainas de la Prefectura. No hay rastros de agresión mapuche. Pero el nombre de ese argentino de 22 años no suena por las calles, como sonó el de Maldonado. Según nuestros gobernantes, las acciones legales ejecutadas por el Estado para repudiar la violencia pueden ser violentas e implicar que las fuerzas de seguridad -que siempre tendrán el beneficio de la duda- baleen conciudadanos por la espalda. Hasta el 18 de octubre clamábamos por el cuerpo de uno. Ahora otorgamos, silentes, licencia para matar. La gente cambia.

 

Sobre la firma

Leila Guerriero

Periodista argentina, su trabajo se publica en diversos medios de América Latina y Europa. Es autora de los libros: 'Los suicidas del fin del mundo', 'Frutos extraños', 'Una historia sencilla', 'Opus Gelber', 'Teoría de la gravedad' y 'La otra guerra', entre otros. Colabora en la Cadena SER. En EL PAÍS escribe columnas, crónicas y perfiles.

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