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LO QUE HAY QUE VER

Siete diferencias entre el mítico primer Operación Triunfo y el actual

El ‘talent show’ ha vuelto con más fuerza que nunca a TVE. Hay algunos elementos que han cambiado radicalmente

David Bisbal, Rosa López y David Bustamante.
David Bisbal, Rosa López y David Bustamante.

Cuando TVE hace meses anunció el retorno de OT a su parrilla saltaron las alarmas. Después de la abrupta cancelación del programa cuando éste se emitía en 2011 en Telecinco (desde entonces la pobre Pilar Rubio no ha levantado cabeza en la televisión), muchas eran las dudas que sobrevolaban sobre la cabeza de los fans. Igualar el impacto mediático de la primera edición se antoja imposible. No obstante, sí es cierto que esta nueva temporada, a pesar de empezar con muy mal pie en la gala 0, poco a poco ha ido ganándose a un público muy fiel que semana tras semana se desvive por todo lo que ocurre dentro de la Academia. Los tiempos cambian. Y aunque los concursantes sigan siendo vestidos por su peor enemigo, el nuevo OT nos está sorprendiendo muy gratamente por estas razones.

Siete diferencias entre el mítico primer Operación Triunfo y el actual

Los concursantes no estudiaron inglés en Opening

Teniendo presente las patadas que Rosa López le daba al diccionario, y ya no digamos cuando le tocaba chapurrear algo en inglés sobre el escenario, sorprende muy gratamente el dominio que la nueva generación de triunfitos tiene de la lengua de Shakespeare. El primer OT, ahora visto en perspectiva, fue un ejemplo clarísimo de fracaso educativo. Cierto es que muchos se han quejado en esta nueva temporada de que en las galas predominan más las canciones en inglés que en español. Pero oigan, quien eche de menos eso no tiene más que ponerse La Voz, que siempre será un campo de cultivo para aspirantes a actuar en el Corral de la Morería o en tu casino más cercano.

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Sorprendentemente, hay más cultura musical que antaño

Las clases de cultura musical de Guille Milkyway deberían ser de obligada visión para todo aquel que ande algo pez sobre el asunto, pero algunos de los concursantes ya vienen con los deberes hechos de casa. Ahí está, sin ir más lejos, la favoritísima Amaia, que se ha atrevido a cantar a sus compañeros canciones de los argentinos Él Mató a un Policía Motorizado, ha reivindicado el Zorongo Gitano de Lorca que Marisol popularizó en 1964 en La Nueva Cenicienta, y hasta homenajeó a David Bowie en la desastrosa Gala O entonando Starman. Sí, para los más jóvenes hay vida más allá del reggaetón en las plataformas musicales de 'streaming'. No está todo perdido.

Youtube como objeto definitivo de voyeurismo

En 2001 quien quería estar al tanto de todo lo que ocurría en la Academia no tenía más remedio que conectar con los resúmenes diarios de TVE. Pero eso se ha acabado. Por supuesto este año se puede seguir el 'talent' sólo a través de la pequeña pantalla, pero una de las mayores (y más exitosas) novedades ahora es ese pseudo-24 horas a través de YouTube que nos deja cotillear todo lo que ocurre en esta factoría de nuevos artistas desde las 8:30 de la mañana hasta las 11 de la noche. Se sorprenderían de saber cuánta gente hecha y derecha desayuna cada día junto a los triunfitos y la cantidad de zombies en el metro que han abandonado temporalmente Netflix porque están enganchadísimos al programa. Y no son precisamente muy púberes que digamos.

Noemí Galera, más pacífica que nunca

En aquellos tiempos en los que Nina llenaba la pantalla en calidad de directora de la Academia siempre se las tenía que ver con Noemí Galera, que por entonces ejercía de jurado. Pero cómo cambian las cosas… Ahora que corresponde a Noemí la dirección y la protección de los concursantes nada tiene que ver su actitud con la que mostraba hace dieciséis años. Dejando de lado a Risto Mejide (sería interesante que volviese a sentarse como jurado solamente un día, aunque su contrato con Mediaset lo hace imposible), ¿quién nos iba a decir que Mónica Naranjo iba a proclamarse como la miembro del jurado más temida por todos?

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'Shippeando' que es gerundio

No tenemos ni idea de qué habría sido del primer OT si por entonces hubiese habido redes sociales, pero imaginamos que la noche que David Bisbal y Chenoa cantaron aquel Escondidos Twitter hubiera explotado. Teniendo presente lo mucho que gusta en la red shippear posibles relaciones sentimentales (acaben consumándose o no; eso es secundario), estaba claro que el shipping iba a brillar con luz propia este año en el programa. Finalmente entre Agoney y Ricky se han cumplido los pronósticos de las Celestinas anónimas de la red y, aunque no hay confirmación oficial, al final va a ser cierto que puede haber algo más entre Amaia y Alfred. Se comen con la mirada desde hace semanas, pero esperamos que en breve también se coman la boca en una de las galas. Lo de Aitana y Cepeda, al menos dentro de la Academia, sí que no lo vemos.

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Es el ‘talent’ más LGTB e inclusivo de la historia

El simple hecho de que Agoney y Ricky no escondan su amor ya es todo un hito en la televisión patria. Pero lo que ocurrió el pasado lunes, cuando Marina plantó en prime time un beso a su pareja transexual, Bastian, fue algo épico. Al fin en un programa de estas características nadie se esconde ni tiene problema alguno en hablar sin tapujos tanto de orientaciones sexuales como de identidades de género. Difícilmente en 2001 se hubieran tratado estos asuntos con la normalidad de ahora, y aquí es donde los millennials están dando una lección al mundo poderosísima que les debemos agradecer. OT no acabará de raíz con la discriminación ni con los alarmantes casos de bullying escolar (sin ir más lejos, Los Javis el otro día compartieron con los concursantes una agresión homófoba que sufrieron en la calle), pero sí que puede hacer remover conciencias a algunas familias ancladas en el siglo XIX. Sin lugar a dudas, esto es lo mejor que le ha pasado al show en su historia.

Pese a todo, hay cosas que no cambian…

El fichaje de nuevos profesores ha renovado la Academia por dentro, pero a lo que las galas se refiere la cosa no ha diferido mucho. Las maquilladoras y las estilistas siguen ancladas en el pasado, e igual que en el primigenio OT uno tiene que renunciar a muchas horas de sueño porque la gala acaba a las tantas de la madrugada. ¿Hay necesidad de tragarse un directo de más tres horas? A ver si aprendemos un poco de otros formatos similares estadounidenses y británicos, ya que para precisamente evitar que el ritmo decaiga todo lo condensan en un programa de menor duración mucho más digerible.

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