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Las ventajas de tener un satélite espía

'Paz' podrá fisgonear a los países vecinos bajo la premisa de garantizar la defensa y la seguridad

Campo de antenas de la Sociedad Europea de Satélites en Luxemburgo
Campo de antenas de la Sociedad Europea de Satélites en Luxemburgo

Hoy en día, el país que no tiene un satélite espía está expuesto a todo tipo de riesgos. España lo comprobó en julio de 2002, cuando un destacamento de media docena de gendarmes marroquíes tomó el islote de Perejil, una roca deshabitada al oeste de Ceuta poco más grande que un par de campos de fútbol. Para algunos, aquel altercado pudo desencadenar una guerra entre España y Marruecos, para otros, el incidente no fue más que la acampada de un grupo de okupas.

Pero el Ministerio de Defensa pasó un desagradable trago porque no pudo tener imágenes en tiempo útil de aquella escaramuza. El Helios, el satélite que barre la zona, se quedó a oscuras repentinamente. Según la versión oficial, sufrió “problemas técnicos”. Pero la realidad es que España solo posee el 2,5% del artefacto. Lo comparte con Francia (propietario del 90%), Bélgica, Italia y Grecia, y únicamente tiene derecho a demandar el 2,5% de las imágenes, entre las cuales parece ser que no se encontraban las del peñasco norteafricano.

Aprendida la lección, España se dispone a poner remedio y, de paso, dar un salto tecnológico en la industria aeroespacial. Si los planes no se tuercen, a finales de enero pondrá en órbita un satélite de alta resolución capaz de escanear la Tierra a más de 514 kilómetros de altura. Viajará a una velocidad de siete kilómetros por segundo, con lo que cada día dará la vuelta al planeta 15 veces. Peinará un área de 300.000 kilómetros cuadrados y tomará un centenar de imágenes cada 24 horas, tanto de día como de noche, independientemente de las condiciones meteorológicas.

Dotado con un radar de apertura sintética, Paz llevará a cabo misiones civiles y militares. Vigilará el tráfico marítimo en el Mediterráneo para detectar pateras, escrutará las actividades de pesca ilegal o los movimientos de los narcotraficantes en el Estrecho, controlará los recursos naturales o el urbanismo y evaluará catástrofes, desde inundaciones hasta incendios. Incluso podría certificar si los viandantes circulan por el carril correcto en las vías más congestionadas de Madrid.

Además de observar la Tierra en misiones científicas o humanitarias, el gigantesco ojo de Paz servirá para fisgonear a los países vecinos bajo la premisa de garantizar la defensa y la seguridad. Podrá mirar de cerca al Mohammed VI-A, el satélite espía de Marruecos (oficialmente, de reconocimiento óptico), lanzado al espacio este mes desde la Guayana Francesa, con el que nuestro vecino del sur aspira a controlar las fronteras y a hacer un seguimiento más eficaz de los grupos yihadistas.

Paz está ya listo para ser trasladado a la base aérea de Vandenberg (California), pese a que inicialmente estaba previsto que subiera al cielo desde Rusia. España entrará así en el selecto grupo de los países europeos (junto a Alemania e Italia) que tienen su propio satélite espía. Un proyecto empresarial y científico ambicioso que podría evitar chuscos episodios como el ocurrido en Perejil hace tres lustros.

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