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Advertencia: no lea este artículo

O hágalo bajo su responsabilidad. No nos hacemos responsables de lo que pueda suceder en La Zona

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Le hemos avisado, pero si está aquí posiblemente sea porque es un ser humano. No crea, es algo tranquilizador. Y sabemos perfectamente que no hay nada más tentador que un letrero de “No Pasar”. La historia está llena de ejemplos: la manzana del Génesis, el ala oeste del castillo de La Bella y la Bestia, la cámara de tortura de Barbazul o la cripta de Drácula. En teoría están prohibidas, pero no seríamos humanos si no quisiéramos siquiera mirar por el ojo de la cerradura para ver qué se esconde al otro lado. Pues bien, ese ese es uno de los puntos a favor de La Zona, la serie de producción propia que Movistar Plus estrena hoy, 27 de octubre, y que promete adentrarnos en otro territorio casi baldío: la ficción española de género y de calidad.

Porque uno de los rasgos que hacen más aterradora y trepidante esta serie es precisamente su cercanía. Aquí no hay moteles infestados de zombis en medio de la Ruta 66 ni oscuros desfiladeros en los Cárpatos, sino espacios muy reconocibles: una zona rural en el norte de España. Basta con echar un vistazo a los escenarios, el vestuario, el habla de los personajes para convencernos de que son como nosotros. O quizás más valientes que nosotros, claro. Porque hay que ver qué haríamos después de una catástrofe nuclear. Si nos atreveríamos a quedarnos ahí o huiríamos lo más lejos posible.

La Zona evoca tragedias modernas como Fukushima o Chernobyl, pero aquí los “liquidadores” son gente como usted y como yo. Y como Eduard Fernández, que da rostro a uno de los protagonistas con más carácter que hemos visto en mucho tiempo, un inspector de policía que tiene la suerte de ser el único superviviente de la primera inspección a la zona tras la tragedia.

Porque hay una zona, claro. La serie se llama así, y se debe a la Zona de Exclusión que el gobierno decreta en torno al área afectada por el accidente en una central nuclear. Son varias decenas de kilómetros cuadrados en nadie debería entrar. Hasta que alguien entra y un día, tres años después de la catástrofe, aparece un cadáver en tierra de nadie. Ahí es donde comienza la trama.

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Pero decíamos que esto es España, y que La Zona, dirigida por Jorge y Alberto Sánchez Cabezudo (este último fue el guionista de aquella obra maestra llamada Crematorio), no sucede en Texas. Por eso pronto entran en escenas amenazas casi tan palpables como la radiación nuclear: la corrupción política, los intereses empresariales oscuros, la sensación de que detrás de la situación hay algo más tenebroso y turbio de lo que parece.

 Y ahí es donde La Zona reúne todos los ingredientes para ser realmente adictiva, Especialmente porque el reparto está repleto de nombres de esos que son capaces de hacer creíble y cercano hasta el thriller más enrevesado. Emma Suárez, Álvaro Cervantes, Alba Galocha, Juan Echanove o Sergio Peris-Mencheta aparecen en la campaña de presentación retratados con las máscaras antigás que las autoridades exigen para entrar en ese recinto misterioso. Poco a poco, el espectador comprende que, sin embargo, hay más máscaras que las visibles. Y que la zona esconde quizás secretos más terribles de los que cuentan las noticias. Pero para descubrirlos, claro está, hay que entrar en ella. Adentrarse en territorio devastado y asumir que, una vez quemadas las naves, todo puede pasar. Cruzar la línea. Así que usted verá. Le hemos avisado. Después del primer episodio ya no hay marcha atrás.

 

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