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La última milla de la lucha contra la pobreza

Llegar a aquellos que aún no se benefician de ningún tipo de ayuda es el gran reto de la protección social

Una niña del programa contra la pobreza Cuna Más de Perú.
Una niña del programa contra la pobreza Cuna Más de Perú.

Hay en el mundo de la logística un concepto que trae de cabeza a todos: la última milla. Se empezó a utilizar en el sector de las telecomunicaciones para hablar del último tramo de cableado que había desde la central que daba servicio a la zona del cliente hasta su domicilio. Se extendió posteriormente al del comercio electrónico para hablar de la distancia desde un almacén, una tienda o un restaurante hasta el domicilio del cliente. En ambos casos, cubrir esa última milla es un gran reto y es la parte más crucial de una cadena de suministro porque de ello depende la rapidez del servicio y la satisfacción del cliente. La lucha contra la pobreza tiene también su última milla y es igualmente vital para el éxito de un programa.

Los más pobres son difíciles de alcanzar. Como consecuencia de su situación no están bien conectados con los servicios del Estado, entre ellos los programas de protección social. En ocasiones, no confían en que los gobiernos se preocupan por su condición de pobreza y no creen tener derecho a los beneficios que estos proveen. Generalmente, cuanto más pobre es un hogar, más alto es el coste financiero y mayores son los recursos humanos necesarios para alcanzarlo e incluirlo en un programa de protección social con el fin de brindarle los servicios sociales relacionados.

Llegar a ese tramo final de la población en situación de pobreza es uno de los grandes retos de los programas de transferencias monetarias condicionadas, que buscan apoyar el consumo de los hogares más desfavorecidos mediante ayudas económicas otorgadas principalmente a las madres de familia. El fin último es conseguir romper la cadena de la pobreza a través de unos ingresos directos que son entregados si se cumplen unas condiciones predeterminadas que pretenden fomentar la acumulación de capital humano entre los niños, principalmente en los ámbitos de la salud y la educación. Con ello se pretende que jóvenes más sanos y con mayores niveles de formación entren en el mercado laboral en mejores condiciones que sus padres, lo que les permitiría ganar mayores ingresos a través de sus propios esfuerzos rompiendo así la transmisión intergeneracional de la pobreza.

Pero para ello hay que conseguir llegar a los más pobres. Uno de los grandes éxitos de estos programas de transferencias es su adecuada focalización, es decir, que han sabido concentrarse en la población con menores niveles de bienestar. Para conseguirlo han elaborado mecanismos que identifican a los potenciales beneficiarios y así determinan su elegibilidad. Asimismo, han puesto en marcha sistemas que buscan mantener actualizada la información socioeconómica de la población y asegurar que las transferencias lleguen a los que más las necesitan.

Definir la población objetivo es un largo proceso que implica múltiples criterios, tanto socioeconómicos, es decir, definir qué grado de pobreza es necesario para ser incluido en un programa, como demográficos, que determinan si los programas se dirigen a todos los hogares pobres o, por ejemplo, solo a los que tienen niños. Posteriormente, es necesario comprobar si los solicitantes satisfacen esos criterios de elegibilidad; para ello se suelen combinar una serie de criterios geográficos, categóricos, de prueba de medios y comunitarios, lo que permite reducir significativamente la filtración de los beneficios a los que no son pobres.

Gracias a la adopción de reglas objetivas de medición de la pobreza y al uso de modernos sistemas de monitoreo y gestión de la información, los programas de transferencias monetarias condicionadas se encuentran entre los programas sociales mejor focalizados. Sin embargo, persisten errores de exclusión que determinan una situación de subcobertura de la población objetivo. En unos casos estos pueden ser debidos a la insuficiencia del presupuesto asignado al programa. En la mayoría de los casos, sin embargo, la razón es diferente. Un estudio del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) encontró hace un par de años que el número de beneficiarios de los programas de transferencias era 2,5 veces mayor al número de pobres extremos en 16 países de América Latina y el Caribe en el año 2013, sin embargo, solo el 50,6% de los pobres extremos estaba incluido en ellos.

Llegar al tramo final de la población en situación de pobreza es uno de los grandes retos de los programas de transferencias monetarias condicionadas

Por ello, los países de América Latina y el Caribe, con el apoyo del BID, han instado a concentrar la atención en llegar a los que más lo necesitan adoptando métodos innovadores de focalización comunitaria y mecanismos de búsqueda activa por medio de trabajadores sociales. Estos últimos desempeñan un papel fundamental, especialmente en las áreas urbanas, para superar barreras de información, reducir el estigma de la participación en estos programas, acercar la oferta del Estado a los más pobres y, así, disminuir los errores de exclusión.

La evaluación comunitaria consiste en que sean las mismas comunidades las que identifiquen los casos de pobres extremos excluidos de los programas y es una fase clave en la reducción de la subcobertura. Se ha venido aplicando con éxito en varios países, como en Bangladés con el programa Targeting the Ultra Poor; en Tanzania, con el programa Productive Social Safety Net; o en Colombia con la iniciativa Produciendo por mi futuro.

Según una reciente publicación del BID que analiza los programas de transferencias condicionadas durante los 20 años que llevan aplicándose desde que revolucionaron la forma de luchar contra la pobreza, es necesario concentrar los esfuerzos para la inclusión de los pobres crónicos que todavía no reciben las transferencias. Conseguirlo presenta enormes retos, porque los excluidos se encuentran aislados de los programas de protección social y al mismo tiempo sufren de las mayores carencias en la cantidad y calidad de la oferta de los servicios de salud y educación. Ese es el gran desafío, recorrer la última milla, el mayor de los retos, el problema más difícil de solventar y el que va a determinar el éxito de una empresa de telecomunicaciones, de mensajería, de transporte… o de un programa de lucha contra la pobreza.

Marco Stampini es especialista líder en protección social en la división de salud y protección social del Banco Interamericano de Desarrollo (BID).

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