_
_
_
_
CLAVES
Columna
Artículos estrictamente de opinión que responden al estilo propio del autor. Estos textos de opinión han de basarse en datos verificados y ser respetuosos con las personas aunque se critiquen sus actos. Todas las columnas de opinión de personas ajenas a la Redacción de EL PAÍS llevarán, tras la última línea, un pie de autor —por conocido que éste sea— donde se indique el cargo, título, militancia política (en su caso) u ocupación principal, o la que esté o estuvo relacionada con el tema abordado

Minorías catalanas

Quizás sería una buena idea pensar en cómo dar o repartir el poder, en lugar de concentrarlo, o quitarlo

Jorge Galindo
Esteladas en las ventanas en Barcelona.
Esteladas en las ventanas en Barcelona.YVES HERMAN / REUTERS

De todos los sistemas que conocemos para tomar decisiones, la democracia es quizás el que permite vivir con más tranquilidad a las minorías políticas. Lo logra gracias a dos razones. Primera, porque les da la capacidad de dejar de serlo algún día. Segunda, porque esa posibilidad contiene a la mayoría de cada momento. Es decir, les da una promesa creíble de obtener poder de veto. Es un equilibrio delicado, pues la tentación para la mayoría de cada momento de asegurar su posición nunca desaparece. Sólo se mantiene gracias a que el poder está apropiadamente distribuido, y el control cruzado es férreo y constante.

Aún más delicado resulta este mismo en un Estado descentralizado. Es fácil que se dé una situación como la de Cataluña: el independentismo se siente (y es) una minoría dentro de España. Pero ocupa la mayoría política en su territorio. En última instancia, esta mayoría argumenta que, al ser una minoría sistemáticamente excluida en el Estado, está legitimada para salir de él unilateralmente. Emplean, de hecho, la desastrosa actuación policial del pasado domingo como prueba. Pero, aunque esta exclusión fuese completamente cierta, ¿qué pasaría con la minoría política en una hipotética República Catalana?

Es cierto que la retórica del Govern estos últimos días es enfáticamente inclusiva. Pero a la vez convive con la actuación parlamentaria del 7 de septiembre, el referéndum monopolizado por la mayoría, la tendencia de ciertos cargos por mencionar o listar traidores, o de algunos activistas por perseguir periodistas. Es decir: tal vez alguien en la minoría sí tiene razones para desconfiar.

Haz que tu opinión importe, no te pierdas nada.
SIGUE LEYENDO

Una democracia que además es federal, donde el poder de veto está repartido en cada territorio y también en el nivel central, tiene la ventaja de que permite la convivencia porque amplía la tranquilidad de las minorías. Los independentistas han sentido que, hasta ahora, carecían de dicho poder en España. Pero muchos no independentistas están sintiendo exactamente lo mismo en Cataluña. Quizás sería una buena idea pensar en cómo dar o repartir el poder, en lugar de concentrarlo, o quitarlo. @jorgegalindo

Tu suscripción se está usando en otro dispositivo

¿Quieres añadir otro usuario a tu suscripción?

Si continúas leyendo en este dispositivo, no se podrá leer en el otro.

¿Por qué estás viendo esto?

Flecha

Tu suscripción se está usando en otro dispositivo y solo puedes acceder a EL PAÍS desde un dispositivo a la vez.

Si quieres compartir tu cuenta, cambia tu suscripción a la modalidad Premium, así podrás añadir otro usuario. Cada uno accederá con su propia cuenta de email, lo que os permitirá personalizar vuestra experiencia en EL PAÍS.

En el caso de no saber quién está usando tu cuenta, te recomendamos cambiar tu contraseña aquí.

Si decides continuar compartiendo tu cuenta, este mensaje se mostrará en tu dispositivo y en el de la otra persona que está usando tu cuenta de forma indefinida, afectando a tu experiencia de lectura. Puedes consultar aquí los términos y condiciones de la suscripción digital.

Sobre la firma

Jorge Galindo
Es analista colaborador en EL PAÍS, doctor en sociología por la Universidad de Ginebra con un doble master en Políticas Públicas por la Central European University y la Erasmus University de Rotterdam. Es coautor de los libros ‘El muro invisible’ (2017) y ‘La urna rota’ (2014), y forma parte de EsadeEcPol (Esade Center for Economic Policy).

Archivado En

Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS
_
_