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Columna
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Saltarse las reglas

Hay situaciones en las que resulta difícil no apreciar la necesidad de desbordar la norma

Pleno en el Parlament.
Pleno en el Parlament.Massimiliano Minocri

En democracia, la forma es tan importante como el fondo. De hecho, podría incluso decirse que lo es más. Cuando las normas sobre cómo, cuándo, de qué manera tomar decisiones (voto, procedimientos parlamentarios, aprobación de leyes) son claras, transparentes, predecibles, e idénticas para todos, significa que los miembros del sistema pueden intervenir en él en pie de igualdad. Sean mayoría, o minoría.

¿Pero qué pasa cuando una parte de la sociedad decide que el espacio que dejan dichas normas no es suficiente, o al menos que no lo es para ellos? Que no pueden intervenir en el sistema en pie de igualdad, y por tanto necesita ir más allá de la ley para cumplir sus objetivos. Este es el camino que siguen los movimientos que abogan por la desobediencia civil, por ejemplo. Y, efectivamente, hay situaciones en las que resulta difícil no apreciar la necesidad de desbordar la norma.

Pero quienes toman ese camino saben, normalmente, a qué se enfrentan: lo que protege la ley es la fuerza del Estado. Por ello, quienes lo inician suelen hacerlo por una necesidad perentoria, y ejemplos (sobre todo de minorías discriminadas) abundan en la historia.

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Es tentador observar lo que ha sucedido esta semana en Cataluña bajo este prisma, pero la verdad es que allí es una mayoría la que ha forzado la ley. Una que a su vez es minoría dentro del Estado, sí, pero no así en la comunidad. Por tanto, en este caso las normas ignoradas lo han sido en detrimento de una minoría.

Además, aunque es cierto que los procesos de reforma de la que al fin y al cabo es la ley última vulnerada (la Constitución española) son particularmente complejos y costosos, éstos existen. La mayoría en el Parlament, que es la minoría en el Estado, puede utilizarlos. Es esta, por último, una minoría en una situación imposible de homologar a la de aquellas que en otros tiempos y en otros lugares acudieron a la desobediencia y a la acción directa como herramienta última, incluso en democracia. Acción que, por otra parte, fue normalmente complementada con trabajo político dentro de los cauces de la legalidad. No. En Cataluña lo que está pasando es, me temo, otra cosa. @jorgegalindo

Sobre la firma

Jorge Galindo

Es analista colaborador en EL PAÍS, doctor en sociología por la Universidad de Ginebra con un doble master en Políticas Públicas por la Central European University y la Erasmus University de Rotterdam. Es coautor de los libros ‘El muro invisible’ (2017) y ‘La urna rota’ (2014), y forma parte de EsadeEcPol (Esade Center for Economic Policy).

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