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‘Una noche fuera de control’: la guerra de sexos ni se crea ni se destruye, se transforma

La última película de Scarlett Johansson, como los buenos chistes, tiene gracia porque no le está pasando a uno

Scarlett Johansson y sus amigas justo antes de que la juerga se les vaya de madre en la película 'Una noche fuera de control' (2017).
Scarlett Johansson y sus amigas justo antes de que la juerga se les vaya de madre en la película 'Una noche fuera de control' (2017). Cordon

Cuando Britney Spears versionó Satisfaction de los Rolling Stones, se limitó a insertar jadeos y a cambiar en la letra “shirt” (camisa) por “skirt” (falda). Una noche fuera de control (en los cines desde el 21 de julio) propone una reescritura igual de sencilla: Scarlett Johansson y sus amigas matan accidentalmente a un stripper durante una despedida de soltera. ¿Homenaje?, ¿parodia? de Very bad things: dos décadas después, sale Christian Slater y entra Scarlett Johansson. De momento, todos salimos ganando, todos excepto el pobre stripper. Pero esta comedia negra con tutús rosas (y sin penes en la cabeza, que esa es una tradición exclusivamente ibérica) también nos recuerda que la guerra de sexos no se crea ni se destruye, solo se transforma.

Si las mujeres efectivamente son de Venus y los hombres de Marte, Una noche fuera de control fantasea con una expedición femenina al planeta rojo. A ver qué se cuece por ahí. Una inversión de roles que reivindica que ellas también pueden correrse una juerga que se les vaya de las manos, porque en un Hollywood donde la masculinidad tóxica lleva décadas siendo explotada como objeto de celebración, consumo e incluso culto, la feminidad tóxica debería ser un derecho, no un privilegio.

En 1991, la nación sacó sus antorchas para linchar a Thelma y Louise, una metáfora de violencia transformativa en la que Susan Sarandon asesinaba a un violador en potencia que, legalmente, no le había hecho nada. Porque en las películas dramáticas las mujeres parecen seguir necesitando una excusa para reaccionar con ferocidad, a diferencia de los héroes de acción masculinos capaces de matar a un tipo porque les ha mirado mal. Pero la comedia es terreno más fértil para la insurrección femenina y, desde que Cameron Diaz se hizo un tupé con (lo que ella creía que era) gel fijador en Algo pasa con Mary, ellas se han propuesto apropiarse del chiste del perro mistetas: si van a reírse de ti, hazlo tú antes. Y el público, por su parte, aplaude estas fechorías cinematográficas que se regodean en todo lo que está mal y en todo aquello que nadie debería intentar en casa. Porque Una noche fuera de control, como los buenos chistes y los mejores vídeos de primera, tiene gracia porque no le está pasando a uno.

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