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Del Erasmus al Columbus

El programa Erasmus ha cumplido 30 años. En este tiempo, nueve millones de estudiantes europeos han podido formarse en otros países, mejorar su conocimiento de lenguas extranjeras, ampliar sus redes de contactos y fortalecer su sentimiento de ciudadanía europea. Una muestra de sus efectos positivos es que la mayoría de los jóvenes británicos votaron contra el Brexit. En otros países con tentaciones similares, Erasmus es un freno eficaz y un argumento de peso para los partidarios de seguir unidos. Esto a pesar de las dificultades que plantean los idiomas. Todos los que han pasado por la universidad recuerdan alguna asignatura hueso. ¿Qué les parecería estudiarla en sueco? ¿O en húngaro? ¿Y examinarse así de ella? Pues bien, un programa similar (que podría llamarse Columbus) que ligara a las universidades de Latinoamérica tendría el éxito asegurado, al compartir sus habitantes idiomas (español y portugués) entre los que la comprensión resulta muy sencilla. Fomentaría la integración de la región, la formación de la juventud, la productividad y las mejores prácticas académicas. ¿Se lo imaginan? Pues ya están tardando en ponerlo en marcha.— Santiago Fernández Díez-Picazo. Madrid.

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