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Inhumana cárcel china

El estado terminal del premio Nobel chino Liu Xiaobo no es achacable solo a su enfermedad

Liu Xiaoboen una imagen de 2008.
Liu Xiaoboen una imagen de 2008. AP

El irreversible empeoramiento en el estado de salud del premio Nobel de la Paz chino Liu Xiaobo — aquejado de cáncer de hígado— no es solo fruto de la evolución negativa de su enfermedad, sino del inhumano encarcelamiento al que ha sido sometido por el régimen de Pekín. Una prisión injusta desde su misma motivación y que se ha caracterizado por una crueldad incompatible con un mínimo nivel de respeto a los derechos humanos de los prisioneros.

Liu fue encarcelado por redactar y firmar junto a otros 300 intelectuales en 2008 la llamada Carta08 en la que se pedía al Gobierno comunista algo tan básico como el respeto a los derechos humanos y, entre otras cosas, la abrogación del delito de subversión, que ha permitido a China perseguir cualquier atisbo de disidencia política. Precisamente, acusado de este delito, este académico, que ya participó en las protestas de la plaza de Tiannanmen en 1989, fue enviado a prisión. Mientras, su mujer fue sometida a arresto domiciliario y, contraviniendo las propias leyes chinas, no ha podido visitar a su marido.

Liu ha sido liberado cuando el tratamiento contra su cáncer ya es únicamente paliativo. Y no es un caso aislado. El régimen tiene una larga lista de prisioneros políticos excarcelados únicamente para morir tras denegárseles los tratamientos adecuados o con serias secuelas físicas producto de torturas y malos tratos. Pekín asegura que a Liu le han sido asignados ahora ocho de los oncólogos más prestigiosos del país. Tal vez con uno a su debido tiempo las cosas habrían sido muy diferentes.

Por mucha fuerza económica y comercial que tenga China en el mundo, la comunidad internacional no debe permanecer impasible ante el aplastamiento de voces que no piden otra cosa que un trato digno para todos los habitantes del país. Algo de lo que Liu no ha disfrutado.

 

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