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Le Mans merece más de 24 horas

Una ciudad medieval, un circuito que es pura historia, castillos, ríos. Aquí hay que moverse mucho para llegar a verlo todo

L’oeil dans le rétro (El ojo en el retrovisor’), así se llama este cámping de caravanas ‘vintage’.
L’oeil dans le rétro (El ojo en el retrovisor’), así se llama este cámping de caravanas ‘vintage’.

Un cámping con caravanas retro, a orillas del río Sarthe, en plena naturaleza y a unos pocos kilómetros de Le Mans (Francia). Un sitio bastante alucinante, como un viaje a los sesenta o setenta. ¿Cómo he llegado hasta aquí? Sencillo: en un intento enloquecido de no perder ni un detalle de Le Mans y alrededores (si se vuela por ejemplo al Charles de Gaulle en Easyjet, desde el mismo aeropuerto se puede tomar un TGV y se llega bastante rápido), nos estamos dando un atracón de lugares interesantes que hacen que por momentos uno pierda el oremus.

El Porsche 904 Carrera GTS Coupé que participó en Las 24 Horas en 1964. Hoy está en el museo.
El Porsche 904 Carrera GTS Coupé que participó en Las 24 Horas en 1964. Hoy está en el museo.

Por no olvidar el principio, conviene señalar que pasear por el casco antiguo de Le Mans es toda una aventura. Las callejuelas medievales de la que se conoce como ciudad plantagenet han servido de decorado a películas como Cyrano de Bergerac, con Dépardieu como protagonista.

Esta ciudad del noroeste de Francia, de unos 144.000 habitantes, también es escenario de las 24 Horas de Le Mans, que se disputan el 17 y 18 de junio en un circuito mítico, creadas en 1923 para demostrar que los coches podían correr de noche. Todo esto lo explican divinamente en un museo inmenso repleto de modelos inolvidables que han participado en la carrera.

Pero como no estamos aquí para competir, una de las mejores opciones para conocer esta región situada en el valle del río Loir (no confundir con el Loira) es alquilar una bicicleta y tomar una de los múltiples sendas cicloturistas que recorren la zona. Así podemos llegar hasta el castillo renacentista del Lude, que está habitado por unos marqueses con los que no es descabellado toparse durante la visita.

Y, cuando dejamos la bici, nos espera un viaje en barcaza. Se pueden alquilar a orillas de los ríos Sarthe y Mayenne, que dividen la región, y supone sin duda una forma más relajada de descubrir todo esto. No esperen quedarse quietos, eso por aquí resulta imposible.

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