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Cómo el abogado de ‘Breaking bad’ eligió España para limpiar su vida de preocupaciones

Bob Odenkirk, que afronta la tercera temporada de 'Better call Saul', se refugió en el Camino de Santiago para "meditar"

Breaking Bad
Bob, fotografiado para ICON en Madrid, debutó en el cine en 1993 haciendo de “empollón en el concierto” en ‘Wayne’s World II’.

Tras pasarse media vida fuera de plano, estos dos secundarios graciosos han logrado cumplir su sueño. O al menos el sueño americano. Bob Odenkirk (Illinois, 1962) reconoce la narrativa paralela entre él y su personaje, el picapleitos con ínfulas Saul Goodman: en un par de años juntos pasaron de funcionar como alivio cómico en Breaking bad a protagonizar su propio relato, Better call Saul. “Yo no soy la estrella. La serie es la estrella”, matiza el actor, que asegura no parecerse en nada a Goodman.

Para empezar, Bob Odenkirk es su verdadero nombre, mientras que la serie ha destapado que la identidad de Saul Goodman es una farsa. Se llama Jimmy McGill, y ni siquiera es judío. “Jimmy está creciendo y llega a la tercera temporada agotado. Es como si los puñetazos empezaran a doler”, describe. Bob y Jimmy coinciden en la creencia de que uno crea su propia suerte. Pero solo uno de los dos lo ha logrado.

Pasó tres semanas haciendo el Camino de Santiago con la intención de “meditar, comer solo por supervivencia y limpiar mi vida de preocupaciones”

Odenkirk recuerda que Breaking bad fue la primera serie en beneficiarse de las plataformas digitales. Entre temporadas captaba nuevos seguidores y su curva de popularidad fue ascendente e implacable: arrancó sin ruido, y su último episodio duplicó en audiencia al penúltimo. Un adelantamiento por la derecha que Bob Odenkirk aplaudió desde el banquillo. “A veces, la gente para motivarse se autosugestiona, se dice a sí misma que está con el agua al cuello. No es mi caso. He tenido que pelear duro para llegar a ser alguien importante”.

En Better call Saul es la estrella de la función (aunque él lo niegue), y ostenta el título de productor. Pero, aclara, eso también es ficción. “Durante toda mi vida he sido el tipo que escribe la historia, el que la produce o el que la dirige. Ahora solo me dedico a interpretar, y no me preocupa si vamos retrasados o cualquier mierda logística. Yo no quería ese título, pero ellos me obligaron”.

Ellos (¿el sistema?, ¿su agente?, ¿su contable?) se aseguran de que “todo el mundo siga convencido de que será millonario antes de morir. Ese mito es posible, pero no probable. El sistema necesita que todos crean esa mentira, para así poder aprovecharse de ellos”. Para demostrarlo cita a una autoridad, Mel Brooks: “Si te resbalas con una piel de plátano, es tragedia; pero si se resbala otro, es comedia”.

El humor patético de Jimmy se cuela por las rendijas de un sueño que, sencillamente, siempre corre más deprisa que él. Odenkirk considera divertidos a los pobres diablos como Jimmy o como Donald Trump (más peligroso, eso sí, el segundo) por culpa de su inconsciente combinación de miedo, debilidad y estupidez. Breves visitas de Jimmy al futuro (post-Breaking bad) nos cuentan que ha pasado de abogado que se anuncia en la teletienda a gerente de un puesto de bollos de canela en un centro comercial.

"La gente para motivarse se autosugestiona y se dice que está con el agua al cuello, aunque no sea verdad. No es mi caso. He tenido que pelear duro para llegar a ser alguien importante”

Odenkirk explica que un restaurante de comida rápida simboliza el fracaso oficial. Es el trabajo más anónimo que existe. “Quizá desde una perspectiva española, donde tu energía vital no está dirigida a conquistar a todas las personas que te rodean, puede parecer que al menos es un trabajo, pero en América eres definido por tu profesión. Es demencial. Es estúpido. Pero se ha convertido en una idea colectiva y, en este contexto, trabajar en un puesto de comida rápida significa que no tienes rostro”.

El señor Odenkirk ha tenido tiempo para articular su opinión sobre la forma de vida española. Antes de presentar su serie en Madrid, pasó tres semanas haciendo el Camino de Santiago con la intención de “meditar, comer solo por supervivencia y limpiar mi vida de preocupaciones”. Anduvo entre 16 y 23 kilómetros al día, con paradas en Mérida, Cáceres, Salamanca, Sanabria y otras ciudades que recuerda, pero no es capaz de pronunciar. “Puedes pasarte dos semanas en Salamanca perfectamente”, asegura, "sorprendido de que pocos españoles se queden tanto tiempo en la ciudad cuando la visitan".

“A estas alturas de mi vida, cabría esperar que al menos una persona me hubiera contado lo hermosas y vibrantes que son estas regiones españolas. Ahora puedo volver a Los Ángeles y ser esa persona”, remacha.

'Better call Saul' se emite en Movistar+.

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