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Rajoy, sin plasma y sin ‘playback’ ante la ley

Buena noticia: la Audiencia recuerda al presidente que el Ejecutivo está en el mismo plano que el Judicial

Mariano Rajoy.

Rendición, el inteligente libro de Ray Loriga que ha ganado este año el Premio Alfaguara, narra la vida en una ciudad transparente donde suelos, techos y paredes son de cristal, los cuerpos no huelen y los secretos deben sofocarse a mayor gloria de la perfección visible. Pero cuidado: la vida tras el cristal, nos enseña Loriga, es tan visible como falsa por prefabricada, innatural. La verdad no suele estar a la vista bajo la iluminación artificial.

La imagen viene a cuento de la decisión que ha tomado la Audiencia Nacional al rechazar los argumentos del ciudadano Rajoy y obligarle a comparecer en persona en el caso Gürtel, donde ha sido citado como testigo. La afición del presidente del Gobierno a actuar a través de plasma, que ha practicado con la prensa y que quería repetir ahora con la justicia, no ha valido esta vez. Y eso, en la guerra que libra la justicia por la verdad, es una pequeña buena noticia.

Rajoy había alegado razones de seguridad, de agenda y de recursos públicos para defender su apuesta por la videoconferencia en lugar de la presencia física en la sala, donde obviamente quiere evitar cruzarse con Francisco Correa, Luis Bárcenas y algunos exalcaldes procesados. La Sección Segunda de la Sala Penal de la Audiencia, sin embargo, ha considerado tajantemente que sus razones “no son consistentes” y que Rajoy no comparece como presidente del Gobierno “sino como ciudadano español, en un acto ciudadano que se enmarca en la legalidad democrática”. El auto le recuerda que la sede de la Audiencia está a solo 18 kilómetros de Moncloa, lo que no exige un gran despliegue de recursos públicos, que la seguridad está más garantizada que en mercados y otros foros en los que hace campaña y lee la cartilla al presidente en lo que respecta a la separación de poderes: “El poder judicial se sitúa en el mismo plano en cuanto a poderes del Estado que el Ejecutivo, por lo que la comparecencia personal de su representante máximo se ajusta a derecho”.

La Audiencia ha dado así al presidente una lección de estado de derecho, de igualdad ante la ley y, sobre todo, de sentido común al defender que “el principio de inmediación sigue siendo un valor que preservar”. Frente a los defensores del plasma, de la videoconferencia y de la supuesta transparencia que permite técnicamente la pantalla está la realidad: respirar el mismo aire que Bárcenas, reaccionar en vivo y en directo a las preguntas de jueces o fiscales, caminar junto al banquillo.

Pero no nos engañemos. En el canto a la igualdad que intenta ser este artículo también pende una amenaza más grande que las que pinta Loriga en Rendición. Y es la siguiente pregunta: ¿qué habría pasado si la juez Espejel, apartada hace tiempo de esta causa por su afinidad al PP, ya hubiera tomado posesión como presidenta de la Sala de lo Penal, cargo para el que fue elegida la semana pasada gracias a la mayoría conservadora del CGPJ? Es solo una pregunta, sin más. Hoy celebraremos, aunque sea por un rato, la igualdad ante la ley.

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