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Cesárea | Orgullosa de mis cicatrices

La cesárea salvó la vida de mi hijo. Así de sencillo. Y por ese motivo no lo cambiaría por nada

Cesárea | Orgullosa de mis cicatrices
Getty Images/Westend61

Tras el último de mis artículos en el que explicaba que Martín llegó al mundo gracias a una cesárea, he recibido muchísimos correos electrónicos de mujeres que se habían preparado a conciencia para tener un parto vaginal, pero cuyos partos finalmente acabó también en dicha operación.

Lo que me preocupa de estos correos no es la cesárea en sí, sino que la mayoría de estas mujeres comparten un sentimiento de cierto fracaso sobre ellas mismas y sus capacidades a la hora de ser madres.

La pregunta, “¿fue por cesárea o fue un parto vaginal?” se repite en cada visita, en cada esquina cuando sales a pasear con el carrito e incluso te la plantean mujeres anónimas que no te conocen de nada pero que se agachan para ver de cerca a tu criatura.

“¿Y qué más da?”. Esa es la respuesta que habría que darles. Es duro, porque parece que se juzga a una madre por la manera en que su hijo llegó al mundo.

La maternidad es un viaje lleno de emociones y sobresaltos, pero es cierto que los niveles de exigencia, tanto externa como propia, son tan altos que es fácil acabar sintiéndose frustrada o culpable.

Sobre la culpa y la maternidad habló recientemente la psicóloga Olga Carmona en su artículo de hace unos días, y no puedo estar más de acuerdo con ella.

La culpa es una mala compañía que te hace dudar de todo, pero sobre todo de ti misma.

Por ese motivo, el post de hoy quiere gritar a los cuatro vientos que no existen partos “de primera” o “de segunda”. Que nacer por cesárea está bien. Que nacer de parto vaginal también está bien.

En mi caso, y sé que en muchas cesáreas también, esta técnica salvó la vida de mi bebé. Y ante esto, no hay más que decir. Él está bien, yo soy feliz. Estoy orgullosa de mis cicatrices de guerra. De esa cicatriz que marca el lugar por el que Martín llegó a nuestras vidas.

Como sabéis, Martin venía con dos vueltas de cordón y una de ellas es la que traía locos al personal sanitario ya que hacía que el bebe se girase y el parto vaginal hubiera sido prácticamente imposible.

La cesárea le salvó la vida. Así de sencillo. Y por ese motivo no la cambiaría por nada.

La cesárea no nos define, ni determina qué tipo de madres somos o seremos. Somos madres por encima de todo y sobre todo por encima del tipo de parto que hayamos tenido.

Lo más importante comienza de aquí en adelante. Cuando tienes a tu hijo en los brazos y sabes que harás todo lo que esté en tu mano por hacerlo bien, siempre pensando en su bienestar, pero sin perder de vista que, sin quererlo, también cometeremos errores de los que todos aprenderemos.

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