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COLUMNA

Tragedia

La consecuencia natural de este proceso es la escisión entre militantes sin dirigentes y dirigentes sin militantes

Partidarios del candidato presidencial francés Jean-Luc Mélenchon,
Partidarios del candidato presidencial francés Jean-Luc Mélenchon,

Hace unos días, hablando de política en Turín, una amiga ironizaba sobre las escisiones del Partido Democrático, última reformulación de la izquierda italiana. Aquí se escinden los dirigentes, decía, primero un grupito, luego otro, pero ellos solos, sin militantes, no los necesitan… Si Italia sigue siendo el laboratorio político de Europa, la situación del PD dibujaría la etapa sucesiva de los procesos que la socialdemocracia está viviendo en todo el continente. Se habla mucho en estos días de la libertad que Melenchon ha otorgado a sus votantes en la segunda vuelta de las elecciones francesas, pero más interesante resulta que los dirigentes del Partido Socialista, desde el poder, hayan pedido el voto para Macron en contra de su propio candidato, excesivamente izquierdista para su gusto, aunque fuera elegido en primarias por los militantes de su partido. El divorcio entre las direcciones y la militancia se repite aquí y allá, una y otra vez, en lo que ya representa toda una tragedia para la socialdemocracia europea, y no me refiero sólo a los resultados electorales, sino a un aspecto mucho más grave, su propia identidad. Pero lo verdaderamente alarmante es la radical ausencia de análisis sobre un tema que, unos y otros, aquí y allá, resuelven con ataques personales y golpes de efecto a corto plazo, que después no llegan a ser golpes ni a tener efecto, porque las épocas en las que los aparatos imponían a las bases su voluntad con mano férrea están muy lejos ya. La consecuencia natural de este proceso es la escisión entre militantes sin dirigentes y dirigentes sin militantes. Mientras tanto, la derecha arrasa en las elecciones, aquí y allá, una y otra vez. Yo creo que merecería la pena pensar un poco en todo esto.

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