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coworking

Co-habitar el talento

En ciudades como Barcelona, Nueva York o Berlín se cuadruplicará el número de personas que trabajarán bajo el techo de un coworking

 Un coworking de San Petesburgo, en Russia. Ampliar foto
Un coworking de San Petesburgo, en Russia. Wikimedia Commons

Hablar de 'millennials' significa, por descontado, hablar de una nueva forma de entender el trabajo. Esta nueva generación nacida entre 1980 y el 2000 ha revolucionado la forma de trabajar de las empresas hacia un ambiente mucho más colaborativo y abierto. Sin embargo, este cambio en la visión del empleo ha propiciado algo mucho mayor: su estilo de vida ha permitido una mutación en el desarrollo de nuestras ciudades y urbes.

Los nuevos emprendedores y profesionales prefieren compartir su tiempo, su talento y sus aficiones en espacios de coworking y coliving. Estos nuevos centros de trabajo han logrado que empresarios abandonen el individualismo instaurado en los últimos años previos a la crisis, conformando una nueva conciencia emprendedora basada en la empatía, el asociacionismo y la solidaridad.

El urbanita ya no es un ser solitario sino que gracias a la proliferación de estos espacios de colaboracionismo, comparte experiencias y realiza sinergias que hacen crecer a las ciudades creando núcleos de talento y de emprendimiento urbano.

Las ciudades ya no son simples adoptantes de trabajadores o empresarios sino que forman parte del propio desarrollo de ese talento dando una segunda vida a sus edificios. Los espacios de coworking han mutado de oficinas de trabajo a espacios de vida dentro de edificios y construcciones, muchos de ellos con arquitecturas vanguardistas y cuidados interiorismos. Se han recuperado inmuebles históricos o fábricas abandonadas y se han adecuado de tal forma que sus paredes, muros y cimientos se han impregnado del ambiento sano y colaborativo, lleno de vivencias y experiencias extra profesionales.

El constante crecimiento de profesionales independientes debido a la inestabilidad laboral y al lastre de la crisis económica es una de las causas de esta evolución hacia nuevos lugares en los que desarrollarse profesionalmente. Sin embargo, el fundamento de estos espacios de coworking y coliving es mucho más profundo y su esencia es básicamente habitar o co-habitar con otros talentos. Estos espacios se han convertido en el escenario ideal para que los 'millennials' puedan aprender, llevar a cabo sus inquietudes, hacer networking, establecer alianzas profesionales e intercambiar el talento.

De esta manera lo han interpretado en el coworking alicantino Ulab, donde el coworker puede ir a trabajar un día y acabar la jornada practicando yoga y aplicando esta disciplina para aliviar las tensiones acumuladas durante el día y liberarse del estrés. O también llevar a sus hijos al coworking para disfrutar de un taller de cocina en familia y aprender todos a preparar un pastel o el mejor sushi de la ciudad. Alternativas y actividades lúdicas y didácticas con las que los profesionales se desarrollan no sólo profesionalmente sino también en lo personal y que hace de estos centros micro mundos dentro de las ciudades.

Estos nuevos espacios de trabajo son lugares de ocio, para compartir aficiones, para pasar ratos con la familia, dónde estar informados sobre lo último de su sector, en definitiva, donde suceden cosas. Se han construido pequeñas ciudades dentro de ciudades. Y no sólo eso, sino que también han transformado las urbes en las que se asientan, generado cambios arquitectónicos y la proliferación y el asentamiento de nuevos negocios y comercios alrededor de los coworkings.

Alicante, por ejemplo, se ha convertido en un pequeño centro neurálgico de startups y emprendedores. Han proliferado estos centros de trabajo y la ciudad se ha amoldado a sus exigencias: la Diputación de Alicante está impulsando el desarrollo de nuevos centros de coworking y la antigua estación de autobuses se reabre como tal.

Otro curioso ejemplo es también el de otro coworking que se encuentra en un pequeño pueblo del norte de España, en Senderiz, Galicia. Sende es un ejemplo de uno de los principales valores que abanderan los coworking, la libertad. Vivir en un pueblo y trabajar es posible en este peculiar espacio de trabajo, donde no existen los atascos de primera hora ni las prisas para coger el bus o el metro y donde acogen a trabajadores de cualquier rincón del mundo para hacerlos sentir como en casa. Salir a hacer senderismo, ir de excursión u organizar un paseo por la aldea es algo bastante común en este coliving rural.

Con este nuevo sentido del trabajo, el talento ya no está encerrado en rancias oficinas de tubos fluorescentes sino que ciudades, pueblos e incluso aldeas albergan proyectos e ideas en cualquiera de sus rincones. Los coworking son, en definitiva, espacios abiertos, dinámicos y acordes a la nueva mentalidad que hacen de sus ubicaciones puntos geográficos excelentes para acoger grandes iniciativas y oportunidades profesionales y de negocio.

Según el último estudio publicado por Emergent Research, en tres años habrá más de 26.000 espacios de coworking en todo el mundo, es decir, más del doble de la cifra existente en la actualidad. Además, en ciudades como Barcelona, Nueva York o Berlín se cuadruplicará el número de personas que trabajarán bajo el techo de un coworking. Una sobresaliente transformación en el parque de oficinas de muchas capitales. Concretamente, según la plataforma Coworking Spain, encargada de la difusión de esta cultura de trabajo, actualmente en España hay más de 32.000 metros cuadrados de superficie destinados a este nuevo modo de desarrollar proyectos, ideas y talento.


 

Isabel Romero, directora del coworking Ulab.

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