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BLOGS Por ANA ALFAGEME

¿Lo nuestro es imposible?

Verdades y mitos sobre la convivencia de perros y gatos

Perros sociables y gatos independientes. Perros cariñosos y gatos ariscos. Perros fieles y gatos indómitos. Los perros no soportan a los gatos y viceversa. En ocasiones, los clichés no se ajustan a la realidad. En torno a la relación y convivencia entre perros y gatos hay más de un estereotipo que proclama su enemistad. Pero, entre estas dos especies tan diferentes pueden surgir grandes amistades.

“La madre naturaleza, en su sabiduría, ha hecho posible que animales que pertenecen a especies distintas puedan congeniar para garantizar la supervivencia de crías huérfanas o desvalidas o bien por empatía hacia un ser desvalido”, comenta Miguel Ibáñez, profesor de Etología y Bienestar Animal de la Facultad de Veterinaria en la Universidad Complutense de Madrid. De ahí, las historias que, en ocasiones, recogen los medios de comunicación, como la de una perra que amamanta a un gato o un ratón adoptado por una gata. Esa fraternidad entre especies es la base para que dos animales tan diferentes como perro y gato compartan hogar, juegos y amistad.

La convivencia entre gatos y perros es posible. Pero conviene tener en cuenta ciertas pautas para garantizar una relación bien avenida:

¡Comparten sofá!. No se trata de una utopía, sino que es muy posible. No obstante, esta tierna estampa es más fácil que se produzca si ambos animales conviven juntos desde que son cachorros. El juego, el aprendizaje y el crecimiento que comparten dos crías de cualquier especie son ocasiones especiales para estrechar lazos. Por supuesto, en el caso de los perros y gatos no se trata de una excepción.

Un perro y una gata. La relación entre una gata y un perro macho suele ser mejor avenida que cuando ambos animales pertenecen al mismo sexo. El sentido de la territorialidad o lucha por el espacio en que conviven perros y gatos de diferente sexo disminuye y la competitividad se transforma en una buena amistad.

-Te tolero pero no te acerques . No obstante, no todo es de color de rosa en la relación entre canes y felinos. Existen situaciones que hacen más complicado sentar unas bases para una buena convivencia entre ellos. Como en el caso de que, uno de los dos animales llegue a casa cuando ya no es un cachorro y no esté acostumbrado a la presencia de otro compañero de cuatro patas. “Sobre todo si es el gato el que ya está en el hogar y llega un perro, que además es de su mismo sexo y no es un cachorro, puede haber más dificultades para que se adapten a la nueva situación, porque el gato es muy territorial”, explica el profesor Miguel Ibáñez. En estos casos, conviene delimitar los espacios en casa para que no invadan mutuamente sus zonas de descanso o comida. No obstante, lo habitual es que si hay algún encontronazo entre perro y gato no llegue la sangre al río. Perros y gatos son maestros a la hora de dar señales de advertencia cuando se sienten incómodos. Exhibición de dientes o gruñidos por parte del perro así como bufidos y pelaje encrespado en el caso del gato son algunas de las muestras inequívocas de que no hay ganas de interactuar.

Cuando un perro o gato llega a casa, los animales que viven allí deben acostumbrarse a su olor y viceversa

-Espera a que te huela. El olfato es un sentido fundamental y muy potente para perros y gatos. Su nariz necesita reconocer y acostumbrarse al aroma que desprende cada miembro de su grupo o familia. “Cuando un perro o gato llega a casa, el resto de los animales que ya viven allí deben acostumbrarse a su olor y viceversa, una vez que se consigue, se ha recorrido gran parte del camino para pasar de la competición a la aceptación”, comenta Gregorio Sánchez, educador canino. Tanto el perro como el gato recién llegado deben encontrar su lugar en el nuevo territorio donde vivirán. Por ello hay que dar tiempo y tener paciencia hasta que la convivencia se normalice.

-Lo nuestro es imposible. No nos vamos a engañar, también hay casos de amistades imposibles entre canes y felinos. Esa intolerancia puede ser fruto de una experiencia traumática entre ambas especies, como peleas que hayan provocado heridas físicas. Por ello, si se quiere ampliar la familia con un nuevo miembro de cuatro patas, conviene informarse sobre el pasado del animal que llega a casa, para saber si hay posibilidades de que la convivencia entre perro y gato se pueda producir.

-Tú paseas, yo me afilo las uñas. Conviene conocer las diferencias entre perros y gatos para lograr que se acepten. Los gatos son más independientes que los perros y tienen necesidades diferentes en el hogar: unos precisan paseos y más actividad física y los otros un afilador de uñas y una bandeja higiénica para sus deposiciones. Pero, además de las diferencias entre especies, cada animal tiene su propia personalidad y “no cabe duda de que el hecho de que tanto el perro como el gato sean tolerantes con la presencia de otros compañeros de cuatro patas, así como tranquilos y dóciles ayuda a que se forje una buena amistad entre ellos”, explica el educador canino Gregorio Sánchez. En este sentido, el hecho de que los dueños conozcan la personalidad de sus animales y sepan conceder a cada uno el espacio que necesita y sus dosis de atención en el momento adecuado, favorecerá la buena relación.