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El autobús retrógrado

La organización Hazte Oír difunde un mensaje de humillación e intolerancia inaceptable

Autobus de Hazteoir en la calle Macarena. Foto: Victor Sainz
Autobus de Hazteoir en la calle Macarena. Foto: Victor Sainz EL PAÍS

No cabe ninguna duda de que los responsables de la organización Hazte Oír han puesto en circulación algo más que un autobús con un eslogan llamativo: lo que difunden es un mensaje de humillación e intolerancia inaceptable e indigno en una sociedad democrática. Con su campaña ponen su foco en un colectivo, el transexual, especialmente incomprendido, débil y vulnerable, cuyas tasas de depresión y suicidio hablan por sí solas de las dificultades que encuentran para desenvolverse con normalidad en nuestra sociedad. Y lo hacen, además, señalando en particular a los niños y niñas de ese colectivo, es decir, a los que están aún más expuestos a la marginación y el escarnio y viven con más zozobra la confusión entre su identidad sexual y su identidad de género.

Conocemos de sobra estas actitudes y esta ideología. Son las mismas que históricamente han incitado a las mujeres a aceptar sumisamente su subordinación, económica y física, al hombre y que todavía hoy condenan su aspiración a la igualdad como “ideología de género”. Son las mismas que han amparado leyes que condenaban la homosexualidad como una desviación moral punible penalmente. También se han opuesto ferozmente a cualquier ley que ampliara derechos y libertades, fuera el divorcio, el aborto o el matrimonio entre personas del mismo sexo. Ahora, estos retrógrados vuelcan su fanatismo intolerante sobre el colectivo transexual y animan a los demás a considerarles como enfermos o desviados y por tanto a marginarles y excluirles de la sociedad.

Sus ideas son despreciables, atentan contra el derecho a la igualdad e implican sufrimiento para las personas, menores incluidos. Lamentamos por ello que una asociación con ideas tan retrógradas e incompatibles con el marco democrático de derechos y libertades pueda ser considerada de utilidad pública y tener acceso a subvenciones públicas y exenciones fiscales. Y por ello instamos a las autoridades a retirar esa calificación, revisar los criterios para acceder a ella y asegurarse de que ninguna institución pública pueda apoyarles. Aún así, por tentador que sea acudir al código penal, el repudio social, político y administrativo debería bastar para desterrar estas manifestaciones del espacio público. La mejor sanción que puede recibir Hazte Oír es que la sociedad se una ante la intolerancia y que los parlamentos aprueben una legislación que asegure que el colectivo transexual pueda ejercer su derecho constitucional a la igualdad (y a la diferencia) sin interferencia alguna por parte de retrógrados como los de Hazte Oír.

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